Tenía la tarde aromas de acacia florecida.
Perfumaba la lluvia la tierra en primavera
y mi infancia volaba, segura, en la querida
geografía de ternura de la oración primera.
Mi padre me guardaba su calor en la mano,
donde se refugiaban mis dedos escolares.
Mariposa de sueños volando hacia el verano,
siempre tejían las cinco, en mágicos telares
de libertad, la vela de mi humilde barquilla.
Yo tomaba, recuerdo, su mano y regresaba
a la segura calma de una mesa de camilla
con un trono vecino de anea, donde jugaba
a encuadernar mis sueños en un soplo de viento
maternal. En mi frente coronaba la vida
la luz de la esperanza, paloma el pensamiento.
Tenía la tarde aromas de acacia florecida...
Hasta aqui llega el aroma de esa tarde entrañable que describes. Un fuerte beso
ResponderEliminarHoy me gusta lo del calor de la mano, Marián (¿estaré en plan sensible? nahhh) ;)
ResponderEliminarOtros tiempos.
ResponderEliminarQue lejanos parecen!!
Quien no los extraña!!
Buen texto.
Un abrazo.
Has conseguido que mi olfato elimine la peste de tabacazo de la cafetería y traerme los aromas de mi verano cercano.
ResponderEliminarSaludetes.
Acercas esa primavera aún tardía en llegar. Haces que se sienta uno dentro de ella.
ResponderEliminarPreciosa entrada :)
Besos
Preciosas añoranzas traídas, a tu presente como evocación y homenaje a los seres queridos en un hermoso poema lleno de ternura.
ResponderEliminarUn beso.
Tus versos han conseguido emocionarme y perderme entre el calor de esa mano anclada en la niñez.
ResponderEliminarYo también recuerdo con frecuencia tardes de aroma de acacia florecida...
Entrañable, Marián.
Un fuerte beso.
La seguridad de la infancia, hoy parece que toda ella es nuestro actual regazo. Deseos de volver al vientre materno, dirían algunos...pero qué cómodos y tibios estábamos! Besos.
ResponderEliminarComo tesoros guardamos los pequeños recuerdos de momentos que se nos coloran dentro.
ResponderEliminarQue feliz la infancia que lo fué.
..recuerdos con aromas,tenía la tarde aromas de acacia florecida..."...y sobre ellos me quedé dormida!! y resolví acunarlos por siempre y no dejarlos..por que somos el resultado de cientos de miles de recuerdos de todas clases...
ResponderEliminarmuy bonitoo!!
mi cariño para ti...
Madre, qué poema. Y además de muy hermoso consigues el vaivén con tus palabras, una música tamizada. ¿Es el vaivén de la mano del padre y la hija?
ResponderEliminarPrecioso.
PD: también amo las acacias, no sé por qué.
Ya que tantas veces nos quejamos de la cantidad de libros inútiles que se editan, vamos a congratularnos esta vez por la publicación de todos esos títulos que nos ponen un poquito más cerca de las fronteras del conocimiento humano. (Los científicos han dejado la bata en el perchero del laboratorio y se han vestido de calle)
ResponderEliminarAviso para navegantes, con aroma de acacias...
Un saludo, amiga.
Suso:
ResponderEliminar¡Que aroma el de las acacias en flor¡...¿Verdad?
Un beso.
Asolada:
...Tú eres muy sensible...(cuando no te dan los arrebatos). Eres encantadora. De verdad.
¡Oh¡...
El Gaucho Santillán:
Muchas gracias por dejar tu comentario.
Ángel Iván:
¿Hasta tan lejos ha llegado el aroma?. Me encanta...
Salude (tes).
Gaearon:
Te he acercado a la primavera...y en pleno Noviembre, que bien, ¿no?
Un beso.
Andrés lopez villar:
Me ha gustado que te guste tanto, poeta, un beso.
Marisa:
ResponderEliminarRecordar es volver a vivir...son recuerdos que se quedan prendidos en la piel...pues al recordarlos te estremeces...
Un fuerte beso, Marisa
Javier F. Noya:
Sí, algunos me dirían deseos de volver al vientre materno...Y tú, Javier, ¿qué me dirías?.
Besos.
Pilar:
Y dentro están los recuerdos, Pilar, evocarlos a veces es maravilloso...
Barbara Himmel:
ResponderEliminarEres tan cariñosa, Barbara, que no puedo por menos de sonreír contigo...(Muchas gracias por volver).
Para ti mi cariño también.
Igor:
Muchísimas gracias ¡Me ha encantado cómo me lo has dicho¡...eso de que te ha gustado...
Precioso tu comentario. Bienvenido...
Te quiero por que si:
Muchas gracias por la información. Con amigos como tú da gusto.
Un saludo.
Felicidades por el texto, Marián. Me hizo volar en el tiempo hasta aquellos días de tierna infancia y aromas casi olvidados, días en que veíamos el mundo con otros ojos, o al menos, a otra altura. Es curioso la forma en que el cerebro se las ingenia para recordar olores... Un misterio.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
La infancia dura más que la propia vida...¡qué difícil resulta sobrevivir a una infancia dichosa!
ResponderEliminarTu poema es entrañable. ¡Así se escribe, con las entrañas entre las manos! Abrazos
Kinezoe:
ResponderEliminarLos aromas son inolvidables...te transportan a una escena, a un lugar.
Algunas veces viendo una peli ¿no has percibido aromas?
¡Yo sí¡
Un abrazo, Kine.
Manuel Maria Torres Rojas:
El niño o la niña que llevamos dentro nunca duerme...y cuando tú duermes ¿no sueñas que eres un niño?...
Abracitos.
Un poema lleno de ternura evocando los ecos de la niñez.
ResponderEliminarUn saludo Marián, y gracias por visitarme