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Es preciso llevar algún caos dentro de sí para poder engendrar estrellas danzarinas. Nietzsche.

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No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos viven tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Hermann Hesse.

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¡¡Déjame con la boca abierta!!

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Si la personalidad humana no adquiere toda su fuerza, toda su potencia, entre las cuales lo lúdico y lo erótico son pulsiones fundamentales, ninguna revolución va a cumplir su camino. Julio Cortázar

viernes, 29 de abril de 2011

Un giro inesperado IV


Cuando por fin lo divisó a lo lejos en el aeropuerto, Ainhoa, levantó la mano agitándola. Pronunció su nombre con voz aguda, casi teatral. No era el momento de llamar la atención, pero es que ella era así, queriendo estar siempre en el centro del foco de atención. Tras abrazar a su hermano mostrando infinita alegría, le tomó de la mano y el contacto la llenaba de placer y tranquilidad. Veinte minutos después ya estaban en la suite del hotel donde los recibió Philippe. Tras el abrazo efusivo se miraron por unos instantes sin saber qué decirse.

En momentos así, Iker solía adoptar una actitud distraída aunque no sentida, por supuesto, era como para situarse a cierta distancia. Desde siempre se había destacado por su carácter frío y calculador. Ahora, al contemplar el rostro de Philippe, pudo adivinar en su expresión instantánea el miedo contenido en su fisonomía. El abismo que algunas veces se había abierto ante ellos, debido a los aires de suficiencia de Philippe, se había invertido inesperadamente, Ahora lo veía pequeño e inofensivo. Iker estaba por pensar que en éstos momentos, Philippe, a causa del juego se encontraba en apuros económicos. No sería nada improbable que estuviese metido hasta el cuello en deudas de elevadas cantidades contraídas a personas nada recomendables. De lo que estaba seguro era de que el banquero nunca había demostrado piedad con los tramposos e ileales. Pero nada tenía ésto que ver con la visión de una baraja trucada, y sabía perfectamente que esas cartas habían sido usadas para jugar en el club Náutico con la aristocracia.

De pronto Ainhoa advirtió la mirada de su hermano que se había quedado fija por unos instantes en la pistola que se encontraba sobre el lujoso buró. La visión del arma aceleró su ritmo cardiaco, y para tranquilizarse quiso participar en la conversación con preguntas banales, acerca del viaje, a su hermano.

Cenaron de forma frugal en un elegante restaurante cercano al hotel. Hablaron de los últimos acontecimientos y Ainhoa, de pronto se sintió algo indispuesta. Sabía que no podía beber...sólo había bebido dos copas  de la botella que su hermano y Philippe habían admirado al ofrecérsela el maître. Era  un Château Margaux 2005. Los tres intercambiaron miradas cargadas de sutilezas: culpar al preciado líquido sería sencillamente un improperio.

Volvieron al   hotel caminando, sin prisa. Ainhoa subió a la habitación a descansar y ,sobre todo, porque le apetecía estar sola. Ellos se quedaron el el bar del hall para tomar su última copa.

Hablaron del desgraciado incidente; incidente, accidente, desgracia. Asesinato sin ninguna duda, y que había dejado hundida por unos días a Ainhoa. Había tenido que hacer un esfuerzo enorme, según ella, para que Álvaro no lo notara. Y con una disculpa banal, tuvo que correr al lado de Philippe para que la consolara...

Los abogados del banquero no daban con el quid del asunto. Habían aparecido algunos "sobrinos" del finado. Todos parecían sospechosos y para algunos de ellos, sin coartada, les iba a resultar muy difícil hacer coincidir algún artículo de la Ley con su inculpabilidad. El día de autos había sido encontrada una pistola debajo de la almohada que había utilizado el banquero. Y en el registro del hotel constaba que en los previos momentos del crimen había recibido varias visitas.

Habían interrogado a todos los familiares de la victima. Doña Asunta Regina Estepona, su esposa, se hallaba  en Budapest en el momento del asesinato. Solía viajar con bastante frecuencia debido al floreciente negocio de joyería, que últimamente había centrado en diseños elaborados a base  de Swarovski (cristal precioso que mezclado con algunos brillantes auténticos daban a las joyas un alto efecto sin subir excesivamente el precio). Al recibir la noticia de la muerte de su esposo se quedó como petrificada, después del primer impacto se sumió en un mar de lágrimas incontrolable...Ni ella misma lo podía comprender ¿Por qué le había afectado tanto cuando desde hacía tiempo tenía la certeza de no amar a su marido? Sea lo que fuera dio gracias a Dios por dotar a algunas mujeres de esa rara habilidad de llorar cuando las lágrimas son tan necesarias...


Aquella noche, Ainhoa no pudo conciliar el sueño. Volvían con insistencia los recuerdos del pasado con más nitidez que nunca. Álvaro jamás llegaría a saberlo. Sólo Philippe y su hermano sabían la verdad. Y la verdad cuando es investigada por la Justicia tiene muchas lagunas. En la acusación, ya lejana, que la implicaba en aquella memorable secuencia de su vida, y en la que se vio sentada en el banquillo de los acusados, no se pudo aportar pruebas, pero había suficientes indicios que la hubieran podido llevar a la cárcel por una buena temporada. Y gracias a la labor de los buenos abogados y el aspecto inocente que ella adoptó, y su silencio, dejaron el caso cerrado. Ahora se lamentaba de lo imprudente que había sido al mandar notas escritas al banquero. Con su muerte todo podía volver a empezar y reabrirse el caso...Se estremecía sólo de pensarlo. Le preocupaba lo de ahora, que podía tomarse como reincidente. En el primer procedimiento, ya cerrado, ella era totalmente inocente. Todo fue un accidente...Ainhoa volvió a rememorar los hechos, no sin cierto morbo...

Aquella tarde en París, el juez Voyeur, que sin ningún disimulo buscaba con absoluta vehemencia el más ímprobo desacato, puso sobre la mesa del centro del salón el lujoso tablero con sus piezas de alta artesanía para comenzar la partida de ajedrez. Era el juego peculiar del depravado juez; los dos componentes desnudos, Ainhoa y Philippe, con la extrapolación que la paranoia del juez les dictaba. A cada indicación un beso apasionado que iba tomado instantáneas con la rapidez de un profesional de la cinematografía. Habían sido pagados muy generosamente para participar en el juego, y todo transcurría de forma lúdica y hasta muy placentera para los tres. Entre risas el juez daba instrucciones a la pareja para que derramasen sus copas de Champán sobre sus cuerpos. Hasta que en un momento dado, todo se les fue de las manos, cuando Ainhoa, por hacer una broma, apuntó con un revólver al juez. Aunque estaba con el seguro puesto, Philippe trató de dar instrucciones para evitar un percance, e inesperadamente el arma se disparó...

Todo el procedimiento fue llevado muy en secreto. Los medios de comunicación apenas  hicieron breves referencias sobre él, por tratarse de las penosas circunstancias que rodeaban a la muerte del alto magistrado, y es que hay noticias que para nada lo son si perjudican a los altos cargos de alguno de los poderes del Estado. El caso quedó cerrado y olvidado.


Pero los relojes del tiempo con su tic-tac siguen el ritmo inexorable del trascurso de la vida, y hasta los casos más enrevesados, de pronto, al revelarse un insignificante detalle, da sentido a todo y todo encaja, como la pieza del puzzle que falta y al ponerla en el sitio correcto termina con en cuadro: La dueña del negocio de alta joyería, había pagado muy generosamente a unos sicarios para que liquidasen a su marido. Todo bastante sencillo, casi como de novela al estilo dostoievskiano. Así que de momento, ésto había rebajado la tensión de uno de los problemas que más les acuciaban.

Por otra parte.
Iker había descubierto que los aires de grandeza  de él y, sobre todo, de su hermana Ainhoa, de creerse descendientes de una estirpe elevada emparentada a la Nobleza, no procedía de la sangre azul que corría por sus venas. Por experiencia propia Iker sabía que cualquier hombre, si lo desea, puede demostrar que asciende de reyes, y es hijo de un rey, por supuesto haciendo algunos malabares con ciertos papeles sobre genealogías.

Dejaron también, en las hábiles manos de Iker, la eliminación de algunos flecos importantes. Eran papeles judiciales, expedientes, alegatos y recortes de periódicos, donde se informaba de la detención de unos supuestos timadores de casinos...de heridos por arma blanca...Una copia de la sentencia de un condenado a tres años de cárcel, que habría de cumplir en la cárcel modelo de Barcelona, pero que gracias a amigos muy influyentes le resultó bastante fácil largarse a México sin dejar rastro.

Ahora sólo quedaba el último tramo para cerrar estos episodios; comunicar a Álvaro que la plantilla operante "casinos" se había incrementado con un miembro más, ésto, aunque en principio pudiera entrañar  una mayor complejidad, pudiera ser que ahora todo tuviese  los ingredientes para resultar la conjunción perfecta. Deliberaron los tres y llegaron a la conclusión de que Álvaro sabría encajar el golpe, aún a sabiendas de que su mérito sería compartido con un tipo del que hasta la fecha no tenía conocimiento de su existencia. Su reacción aunque resultara incómoda, sería amortiguada al recuperar aquella preciosa joya de gran valor: el arma que le había sido robada.


THE END

viernes, 22 de abril de 2011

Equilibrio


Para el que sólo puede contarla, la vida sólo vale la pena cuando es vivida. Para el que la vive y no sabe contarla, lo vivido se escurre entre sus dedos. Por eso, aprender a decir es tan vital como aprender a actuar. Buscamos fuera algo que nos salve del desequilibrio y ponga el acento en aquella parte de nosotros que hemos descuidado, pues hacer y decir sólo puede separarse en la mente de los necios. Nos fascina quien puede ofrecernos las palabras para componer el relato de nuestra vida, pero también aquel que sabe neutralizar toda la vanidad que encierra el lenguaje e impone el silencio con un gesto preciso. Formular la pregunta adecuada es tan difícil como marcharse en el momento justo y, en rigor, puede decirse que todas las faltas que experimentamos a lo largo de nuestra vida proceden de este desequilibrio entre lenguaje y acción.

En el Día Internacional del Libro, dedico este post a mis queridos amigos blogueros con un beso enorme.

lunes, 18 de abril de 2011

Al aire fresco...


El aire fresco de la mañana me ha golpeado. Estoy dormida. Duermo. ¡Despiértame¡. El aire fresco me alivia pero pasa indiferente. Apenas me ha movido un pelo. ¡Rómpeme la cara¡. Tú eres una mujer de principios. Anoche me lo recordó, el muy cabrón. Los principios sólo sirven para tiranizar, para justificar. Estoy cansada. La gente suele cansarse de los demás, así que no debe extrañarte que yo me haya cansado de ti, es lo natural. Cada uno fiel a su naturaleza, no hay que asustarse ni hacer aspavientos...Los osos hibernan durante el invierno, los buitres se alimentan de cadáveres, y la gente se acaba cansando de los demás: es lo natural. Lo que antes me parecía gracioso de ti ya no me parece tanto y tengo que decirte que nuestras discusiones intelectuales han ido perdiendo brillo con el tiempo. No sé si te lo he dicho ya, pero el uso continuado acaba desgastando a las personas irremediablemente, y nadie, ni siquiera los mejores, pueden sustraerse a esta erosión invisible que acaba saboteando las cualidades de cualquiera. Puede decirse que, en rigor, no conocemos a las personas fuera de la fascinación que nos producen y, cuando esta falta, ya no nos interesa conocerlas. Lo que toca entonces es renovar el armario, cambiar de pareja, traicionar. De hecho, no hay nada más natural que la traición. Vivir es traicionar: dejar los apoyos que una vez te sirvieron para elevarte, dejar atrás la escalera que te ha conducido hasta la buhardilla pero que ya no puede llevarte al tejado. Vivir es, sobre todo, moverse, y para moverse uno a veces debe marcharse. Me voy yo ahora, pero podrías haber sido tú, qué importa, el tiempo que compartimos en la misma senda fue tan precioso como circunstancial. Miro hacia atrás y ya apenas recuerdo quien eras. Conservo siempre intacta, eso sí, mi capacidad de amar.

lunes, 11 de abril de 2011

Estilo y sustancia


"Si la personalidad humana no adquiere toda su fuerza, toda su potencia, entre las cuales lo lúdico y lo erótico son pulsaciones fundamentales, ninguna revolución va a cumplir su camino"

Julio Cortázar
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Sustancia y estilo


Entre las innovaciones de Nietzsche, la más notable es el encantador estilo con el que escribe sobre filosofía. Nietzsche es un gran estilista de la prosa alemana (según admitió él mismo y reconocieron otros), más que Schopenhauer y en profunda contraposición a Hegel. Piensa que puede expresar en diez frases lo que otros dirían (o no dirían) en un libro. Es, como él mismo lo indica, el primero en hacer que la lengua alemana cante y dance. No es un secreto que los malos filósofos fueron al mismo tiempo malos escritores. La verdad tiene carácter perspectivo, es una cuestión de apariencias. Es, escribe Nietzsche para perpetuo disgusto de las feministas, una mujer. Los dogmáticos torpes no podían albergar esperanza alguna de atrapar a semejante criatura. Sólo los aforistas curtidos, mediante la exposición de las múltiples verdades desde distintos ángulos, podían resultar exitosos. Quizás fue el primer filósofo en darse cuenta de que había algo originario en la escritura misma, que la filosofía puede hacer (y de hecho hace) más que representarse en el acto de escritura. De ahí la razón filosófica, la sustancia, del estilo de Nietzsche.


"Y quien no tema mis tinieblas hallará bajo mis cipreses senderos cubiertos de rosas"
Federico Nietzsche.

lunes, 4 de abril de 2011

Retazos de vida en otra dimensión...

 

En este mes de Abril se cumple un "añito" de éste blog...

GRACIAS...
a "Elektra" (Asolada) que es la persona encantadora que me animó dándome un "empujoncito" para que creara un blog...
Gracias a Mario Castillo Ros, que es el que me dijo lo que tenía que hacer para que apareciera, de la nada, una plantilla "monda y lironda", y,
GRACIAS a todos los que me han acompañado con sus generosos comentarios, con su apoyo y su amor incondicional, que me han ayudado a crecer, a soñar; magnificando mis sueños con nuevas perspectivas e intensificando mi imaginación...

GRACIAS, también, a los que pasaron sin dejar huellas, quizás por timidez, o por tener la gentileza de no herirme con su sinceridad...
A TODOS muchísimas gracias, besos enormes y...

 Flores virtuales para todos.

viernes, 25 de marzo de 2011

Un giro inesperado III


--¿Todo ha ido bien?
La voz de Iker llegaba con algunos matices de preocupación a través del móvil al oído de Álvaro.
--Sí, todo bien. Todo ha sido bastante rutinario. Nada que pueda implicarnos.
--¿Y Ainhoa, cómo se encuentra?
--Bueno...creo que le han dado un susto de muerte. Casi se desmaya.
--¿Pero está bien?
--Sí, sí, no te preocupes. Ya me encargo yo. Está algo cansada, ya sabes, después de los últimos acontecimientos, es normal que esté algo alterada.
--Cuídamela  bien ¿vale?
--Sabes que sí, Iker.

Al cerrar el móvil, Álvaro se quedó pensando, aún no había llegado a comprender la implicación de Ainhoa en este asunto del banquero muerto. No encontraba explicación de por qué había sido llamada a declarar. Tampoco le había pasado inadvertido el nerviosismo y la palidez que súbitamente había notado en ella. Álvaro creía conocerla muy bien, pero a veces no la entendía en absoluto, achacaba su comportamiento, a veces extraño, a su condición de mujer, cosa que por otra parte ella le solía reprochar cuando él la trataba como a una niña, o como si fuese una ignorante, y él solía terminar disculpándose cuando ella, furiosa, lo catalogaba de machista.

Apenas había hablado con su padre de éste asunto, que ya había sido bautizado como "el caso cifrados negros".

Cuando Álvaro Aguirre llegó a su despacho la secretaria le recordó que en algo menos de treinta minutos llegaría su esposa para lo del colegio de la niña. Le pilló de sorpresa. Lo había olvidado por completo. Llamó a la editorial, pero su mujer ya había salido. Después llamó a María.
--Mira, María, creo que no va a poder ser hoy lo de la entrevista. Tengo la mañana muy liada...
--El cliente hace ya media hora que espera--le interrumpió María.
--Pues empieza la entrevista sin mi, saca el dossier, le entretienes con eso, ¡ah¡ por cierto, dile que esas facturas, las que trajo el otro día, no sirven, no están nada claras.
--Ya, y me dejas a mi con el marrón, acércate un momento, por favor.
--Joder, te digo que ahora no puedo. Además eso para ti es pan comido...
--Venga, querido hermano, que nos conocemos, y...¿sabes? Te lo digo muy en serio ¡tenemos que hablar¡ Últimamente te noto que no estás para nada.

Estaba de acuerdo. Últimamente no estaba para nada.

Sacó del cajón el antídoto para dejar de fumar. Mal momento, pensó. Presentía una nueva recaída. Y aunque su mujer le insistiera una y otra vez con vehemencia de que dejara de fumar, porque ya era hora de que empezase a cuidar su salud, él sabía de antemano que nunca lo conseguiría. Tenía por delante un día duro, se trataba de la educación de su hija pequeña. Había tenido problemas en el colegio, y no es que le hubiese pillado de sorpresa, pues toda la familia había tenido problemas en los colegios, parecía un mal congénito. Su mujer poco dada a solucionar las cosas que en verdad le concernían, el tema de la educación de la niña se le había ido de las manos.

Consultó la hora, su mujer no aparecía. Pensó que el día se convertiría en un toro de lidia, difícil de torear, pero no, todo lo que había presagiado se había ido solucionando como por arte de magia: "todo a ido bien, aita" le anunció su niña al llegar a casa. A veces la vida tiene estas cosas; que uno se ahoga en un vaso de agua.

 
 
Está anocheciendo. Álvaro está solo en su despacho. Planta doce del lujoso edificio. El cielo presagia nuevas lluvias, lentamente se torna rojizo.
Ya de noche cerrada el cielo continúa nublado y no hay luna ni estrellas. El chirimiri se vuelve más denso. Álvaro está a punto de terminar con sus provisiones de tabaco. Empieza a meditar sobre si mismo y sobre sus logros en esta vida. Va a cumplir cuarenta y tres años y no ha hecho nada por méritos propios. Nada en absoluto. Su padre, sagaz detective, su hermana, considerada por todos, como mujer de gran valía, aún sin proyectarse pero que se intuye, con un futuro resuelto. Él, que por la influencia de su padre pudo ingresar como jefe en un sector de la policía local, exhibiendo su título de licenciado en derecho, pero que aún no podría ejercer de abogado sin dos años más de formación y de prácticas, y la superación de un examen estatal. Y siempre dependiente de su padre. Menos en aquella ocasión que quiso hacer algo por su cuenta, y que al final se vio a todas luces que había sido atrapado y seducido por una de esas redes del no siempre honesto mundo de la moda. Había perdido mucho dinero, pero eso no había sido lo peor. Esbozó una sonrisa. Se había medido así mismo y no había dado la talla.

Y ahora estaba imbuido en el plan "casinos", tan sui géneris. El trío formado por Iker, Ainhoa y él.
Iker era el cerebro, Ainhoa el señuelo y él...él era un mero ejecutor, al que se lo dan todo hecho y pensado de antemano. Digamos que Iker era el software y él el hardware. Bastante sencillo, de momento, aunque parecía que el último día algo falló. De cualquier modo Iker lo estudiaría. Tampoco es que a él le importara sobre manera la parte económica en sí. Era un juego, un desafío, algo para subir la adrenalina y ponerse en ese estado que tanto le gustaba a Ainhoa, porque lo que venía después de cada vez que actuaban...eso no tenía precio. Ainhoa era un ser singular, era un estímulo para él, que vivía un matrimonio anodino, por no decir desastroso

La lluvia empezó a arreciar con ímpetu. Álvaro se quedó inmóvil ante el ventanal. En uno de los cristales se reflejaba, desdibujado, un cuadro que le recordaba a Ainhoa. Era una mujer recostada en un diván, en una postura algo incómoda, que resultaba comprensible que soñara con las cosas más incongruentes, con entierros o terremotos, quizás con algún incendio o naufragio. Álvaro no creía en el amor, pero era cierto que sus ojos veían a la mujer entre sedas y semidesnuda con suaves telas de Oriente, como cualquier enamorado desea ver a su amante...y el hecho de ver proyectada a Ainhoa en todas las mujeres, le hizo pensar que se estaba convirtiendo en un anormal, en un espécimen propio de personaje de novela.


Sintió una necesidad tremenda de seguir fumando, miró por los cajones. Encontró en uno de ellos unos catálogos de armas que le había regalado su padre. Y junto a estos un revólver, pequeño y elegante como esos que suelen llevar las mujeres en el bolso en las películas de cine negro de los años 40, muy parecido a los llamados chatos de Smith. Se lo quiso regalar a Ainhoa, pero ella lo rechazó, porque pensó que iba a servirle, más que para disuadir, para provocar algún desastre, ya que ella no tenía ni la más mínima idea del manejo de armas. Al menos eso le dijo ella, porque Álvaro, dado el carácter curioso de Ainhoa, no terminó de creérselo.

En una caja fuerte incrustada en la pared, detrás de un cuadro, se guardaban documentos familiares junto a otros de alto secreto de estado, y algunas joyas. Una pistola al parecer de gran valor por tratarse de una pieza única. Una verdadera joya. Había sido utilizada, según le dijo quien se lo vendió a su padre, en dos suicidios al menos. Y además, había pertenecido a un príncipe ruso. Y otras dos veces había sido robada. El hecho de que ahora estuviese en la caja fuerte de su despacho, tenía su historia....

Siguió buscando por los cajones. Nada, ni rastro de más tabaco. Para distraerse empezó a organizar papeles. De pronto se apoderó de él una rara curiosidad con el deseo de abrir la caja fuerte. Quería volver a ver el aspecto de aquella pieza única de coleccionista.

El corazón le dio un vuelco cuando vio el estuche que contenía el arma. A simple vista notó que estaba vacío. Lo abrió con dedos temblorosos, el terciopelo violeta y carmesí lucía con los contornos del arma. Pero ésta ¡Había desaparecido¡


 Continuará...(¿Sí?)...

sábado, 19 de marzo de 2011

Silencio se...folla...


Nos conocimos en el instituto, eran nuestros últimos días y fue el primer chico del que creo que estuve enamorada. Era tan evidente que estábamos saliendo que nuestros amigos consideraron que ya éramos novios formales; esa denominación de origen en la que se da por hecho que ya se es una pareja comprometida. Y recuerdo perfectamente por qué le dejé.

Tenía una percepción sobrenatural y fabulosa que le impedía concentrarse en los momentos más íntimos. Su sentido del oído era agudísimo y siempre tenía las antenas puestas. Sus facultades auditivas eran tan notables que nunca conseguía relajarse cuando estábamos haciendo el amor. Siempre procuraba no hacer ruido o, en su defecto, que yo no lo hiciera. Vivía lastrado por un absurdo complejo católico. El temor a ser castigado no le disuadía a la hora de perpetrar el pecado y siempre temía ser descubierto. Y no era fácil, con sus antenas desplegadas podía abarcar un radio alrededor  de doscientos metros. Siempre había una cisterna que sonaba, unos pasos sospechosos, algún ruido extraño durante la madrugada del fin de semana que anticipaba la llegada de los vecinos...

--¿Te pasa algo?
--¿No has oído eso?
--¿El qué?
--Parece que alguien viene.
--Yo no oigo nada.
--Sssshhss, calla, ¿lo oyes ahora?
--Sigo sin oír nada. Es que no sé que quieres que oiga.
--Pues yo lo oigo perfectamente. Baja la voz.
--Encima que baje la voz. Hay que fastidiarse.
--Joder, tú nunca oyes nada. Estás sorda.
--¿Ves?, ahora eres tú el que está gritando.
..Yo no grito, no seas estúpida.
--Pues tú,estúpido y sordo.
--Cuando te pones irónica no te soporto.
--Pues a mi me dan ganas de arrancarte las orejas. Y a todo esto, quieres que sigamos...¿o prefieres que vayamos anotando las incidencias en el diario de ruidos? ¿cuales son tus onomatopeyas favoritas?...

Al principio, lo reconozco, me resultaba cómico. Aquél chico y su obsesión neurótica por los ruidos me divertía profundamente. Pero todo empezó a perder su gracia como un chiste repetido en exceso, no podía razonar con él. Yo cada día estaba más aburrida y más irónica; que es lo que siempre me pasa cuando me aburro, y empecé a alentar sus ficciones sonoras poniéndole nombre: "Sí, es verdad, es como el ruido de un dragón", "Dios mio, ese tono de voz rijoso, tienes razón, es Darth Vader".

Inevitablemente un día llegó el final de todo; el día en que me descubrí a mi misma haciendo el amor en silencio, sin producir el más mínimo jadeo o suspiro. Mi espanto fue tal que pegué un grito asustada mientras que salía a toda prisa de su cuerpo en medio del calor y de la agitación del sudor...
--¿Qué te pasa?
--No hay ruido.
..¿Qué?
--Que estamos follando como los muertos.
--Tú estás loca.
--De acuerdo, esto es una locura.
--Y no sé a qué a venido ese grito, me has asustado.
--¡Ah¡...¡que te asusta el ruido y por eso piensas que estoy loca¡...pues al menos los locos hacen ruido, y más cuando follan.
--A veces no te entiendo.
--pues deberías entenderlo.
--Ya, si yo lo intento...
--Se acabó. O subimos el volumen o aquí no se folla más.
--Es que los ruidos...¡no puedo evitarlo¡...
--Ya lo he notado. Por eso esta es la última noche.
Al final se quedó dormido como un bendito...tanta tensión acumulada...

Años más tarde me dijeron que lo habían visto en Roma, en una de esas asambleas que organiza La Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana para promocionar al Papa.