Una genialidad como la que nos narra, ese filósofo; él, (mi preferido). Que duda cabe que su estilo elevado está muy por encima de la media de su época. En este fragmento del sacrificio de la culpa... Su profundidad narrativa es asombrosa, algo tan cargado de metafísica... pero a la vez está lleno de pura lógica:
"La mala conciencia se establece, corroe, se extiende y crece como un pólipo a todo lo ancho y a todo lo hondo, de una forma tal, que, junto con la idea de que la culpa es inextinguible, se concibe que también lo es su expiación; se piensa que la deuda es impagable (el "castigo eterno"). Ahora bien, al final, se vuelve incluso contra el "acreedor", ya se entienda éste en términos de la causa primera del hombre, al principio del género humano, del progenitor de éste, al que ahora se maldice ("Adán", "pecado original", "voluntad no libre") o en términos de la naturaleza, de la que procede el hombre y a la que se le atribuye ser el principio del mal ("diabolización de la naturaleza"), o en términos de la existencia en general, que no vale la pena vivirse (apartamiento nihilista de la existencia, aspiración a la nada o deseo de su "opuesto", de ser "otra cosa", budismo y similares). Siguiendo esta vía, descubrimos repentinamente el recurso terrible y paradójico, la genialidad del cristianismo, que sirvió de alivio pasajero a la atormentada humanidad: el propio Dios sacrificándose por la culpa del hombre, el propio Dios pagándose a sí mismo. Dios como el que puede redimir al hombre de aquello de lo que éste no se puede redimir; el acreedor sacrificándose por su deudor, amor (¿quién lo iba a creer?), ¡por amor a su deudor!..."
Nietzsche










