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Es preciso llevar algún caos dentro de sí para poder engendrar estrellas danzarinas. Nietzsche.

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No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos viven tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Hermann Hesse.

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Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal. Friedrich Nietzsche

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Y...ella tiene el mundo en sus manos...

domingo, 20 de febrero de 2011

Un giro inesperado II


El jefe de la policía secreta, ya retirado por problemas de salud, miró a su hijo directamente a los ojos, sin ambages, casi se podría decir que hasta con una mirada de reproche. Definitivamente llegó a la conclusión de que el oficio de detective no se aprende en cuatro días, se necesita gran conocimiento del género humano y de enorme capacidad para hacer cualquier cosa inimaginable dentro de sus cánones de la moral. Antes de retirarse definitivamente quería donar a su único hijo varón (pues su otro vástago era una bella joven no menos  inteligente que algunas otras mujeres del clan, y que sabían ganarse la vida en el prestigioso bufete de abogados de la familia), algunas propiedades y una nada despreciable suma de dinero en un banco suizo, para que pudiera abrirse camino con desahogo como detective privado. El comisario tenía en su poder varias recopilaciones y suficiente material que le podría ser muy útil. Eran notas sueltas de los largos años de servicio, cuya misión había sido cooperar con sus investigaciones para Interpol, ayudando a esclarecer y resolver crímenes a nivel internacional. Tenía en mente, con todo ese material publicar un libro. Sin duda que algunos editores ya estaban pensando en que todo eso podría convertirse en un producto muy comercial.

Pero en éste momento quiso ayudar a su hijo en la investigación.

Mientras escuchaba los últimos detalles de la acusación, Ainhoa trataba de no reflejar su desconcierto en el rostro, su mirada poco a poco se iba apagando y quedó fija en un punto de la pared vacía.
--¿Confiesa que la ha escrito usted?--preguntó con aire distraído el comisario don Ramón Aguirre, mostrando la carta mientras que su mirada seguía examinando otros documentos sobre la mesa.
--Yo no sé nada de esa carta porque puedo asegurar que yo no la he escrito.
--¿Niega también que tuvo relaciones íntimas con el fallecido?
Ainhoa retiró con la mano el cabello del rostro haciendo una pinza con los dedos colocándolo con un gesto femenino tras la oreja.
--Éste interrogatorio está fuera de lugar, no tengo porqué contestar a esas capciosas preguntas, señor comisario.
--Señorita Ainhoa Cervantes, se trata simplemente de aclarar algunos puntos. De ningún modo es un interrogatorio ya que ninguno de sus abogados se encuentra presente.

Se decía del comisario Aguirre que era un hombre muy sagaz, capaz de sonsacar, intimidando muy  sutilmente, íntimos y muy útiles datos para la investigación. Su aspecto físico era espigado, delgado, de cara amable, con ojos claros, azules. Tal como contaban algunos que habían tenido la desgracia de encontrarse cara a cara con él, tenía la rara habilidad de desnudar el alma. Dificilísimo salir indemne después de sus interrogatorios, pues las mentiras mejor elaboradas apenas se sostenían ante su mirada.

Bartolomé Botines. Presidente y director de la entidad bancaria más conocida de la ciudad, había sido encontrado muerto en una suite de uno de los grandes hoteles de superlujo de Marbella. A simple vista todo parecía tratarse de un asunto turbio relacionado con el comercio de armas. Abrieron varios frentes en la investigación, sin olvidarse de la trata de blancas y también con otros asuntos relacionados con las drogas.

Álvaro Aguirre, respiró tranquilo, sabía que de ninguna manera Ainhoa podría estar implicada en ese desagradable asunto. La conocía desde que era una niña. Más aún, cuando él estaba a punto de cumplir sus veinte años, nació esa bella criatura que fue la alegría de su familia, y de todos los amigos de esos encantadores seres que la formaban. Su abuelo materno, que tenía voz y voto, tachó de un plumazo todos los nombres que los jóvenes padres de la niña habían barajado y dijo: "se llamará Leticia, que significa Alegría". Pero su abuela, con el peso de su autoridad, y que también todos respetaban, intervino y dijo: "La pondremos Ainhoa. Eso es, ¡Ainhoa¡ la flor de espino blanco en lo alto de la montaña, también llamado espino ardiente. Y ya no hubo más que hablar sobre el nombre de la niña.

  
Pero la niña no había estado siempre bajo la atenta mirada de Álvaro, la niña había pasado algunos veranos en la región de Alsacia, en casa de su tía Irene, que la enseñaba los maravillosos lagos que despiertan la imaginación. Vivía en una planta baja de un pequeño hotelito regentado por ella misma, y por su ayudante cocinero y viejo amigo Federico, y con el hijo de este, un atractivo muchacho que hacía las veces de ayudante de cocina y jardinero. Éste joven, llamado Philippe, le había enseñado a Ainhoa muchas cosas, entre ellas a contemplar desde el tejado la Luna. Y tumbados en la fría hierba de la primavera, a leer las imágenes que dibujaba el viento con el algodón de las nubes...Philippe escribía románticos poemas dedicados a ella, y ella...descubrió los primeros placeres del sexo en primera persona, encerrada, sola, y con un espejo que le había regalado su abuela. El hijo del cocinero era muy tímido. Ainhoa solía recordar aquél día en que al acercarse a su habitación, tras la rendija de la puerta, le vio completamente desnudo. Lo comparó a una de las estatuas del Museo...pero aquello, lo que vio, le  pareció muy grande, y tampoco era como lo de algunos niños que había visto desnudos. Después empezó a reconstruir aquel instante con precisión en su mente y a imaginarlo una y otra vez, hasta que ya no se acordaba del original y empezó a resultarle inverosímil...


Cuando empezó a hacerse adulto, Philippe, se volvió algo extraño. A veces salía solo al atardecer y Ainhoa solía buscarlo, su tía Irene lo buscaba, su padre lo buscaba, hasta que por fin lo veían a lo lejos, aparecer por el horizonte, y su padre le decía que no podía estar tan engolfado con su soledad, que tenía que ser más sociable. Philippe era muy guapo, pensaba Ainhoa, poseía una gran inteligencia innata, pensaba la  tía Irene, que nada de lo referente a Philippe le pasaba desapercibido. Y se ofreció a pagarle los estudios en una de las mejores escuelas de Hostelería en París, tenía sobradas cualidades, según ella, para convertirse en un gran Chef, así que no era altruismo hacia el joven, sino una inversión a no muy largo plazo. Pero pronto el joven Philippe descubrió que podía caminar sin muletas; sin ayudas exteriores de la tía Irene o su padre. Y empezó a volar por su cuenta. Después de lograr con éxito el Título de Chef, y con matrícula de honor además, se matriculó en Derecho y empezó la aventura de otras incursiones relacionándose con personas de distintas procedencias y niveles sociales en torno a La Sorbona. Más tarde empezó a viajar y a mandar postales de sitios lejanos idílicos del sur. En México, conoció a un hombre extraordinario a quien el joven Philippe empezó a considerar como de la familia, y a referirse a él como su querido tío.

--¿Conoce usted a éste joven, señorita Cervantes? ¿le ha visto alguna vez?.
La voz del comisario la hizo salir de sus recuerdos y ensoñaciones...
Ainhoa entornó los ojos, su rostro súbitamente se encendió. Las palabras huyeron, el silencio se adueñó del entorno por unos instantes. Hasta que por fin quedó roto con el sobresalto de un suspiro.
--No--susurró después apenas sin mover los labios.
--¿No?
--Ni creo haberle visto ni sé quien es.
--Es sobrino del fallecido, don Bartolomé Botines. Su nombre es Mauro Philippe Montesanto. ¿No le suena su nombre?.
La cara de Ainhoa pasó del rojo encendido a una intensa palidez.
--Es posible que ese nombre sea ficticio--aclaró el comisario--y que ni siquiera sea sobrino de la víctima. Hay muchas lagunas en éste caso. Seguiremos investigando.

Ainhoa, con gran esfuerzo consiguió evitar el desmayo. Al levantarse de la silla sus piernas flaquearon.
--¿Te encuentras bien?--oyó la voz de Álvaro--sí, respondió con un movimiento de cabeza.

Salieron y el aire fresco la tranquilizó. En el coche no dejaba de pensar en él. ¿En qué peligrosa trama se encontraría inmerso ésta vez?...Esto podría ser grave ¡un asesinato¡...No le creía capaz, era inteligente, astuto, aunque a veces le parecía vulgar, como aquél día en el crucero, que llegó a amenazarla, y hasta insultarla, y otras en cambio, le había visto muy seguro y experimentado, él era así, un mundo de contradicciones cuya rara conjunción a ella le resultaba fascinante, magnética....

¿Continuará?...  
 

15 comentarios:

  1. Me ha gustado todo, menos el final ¿cómo que si continuará? estamos esperando más...

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  2. Pilar...jajaja, ya me iba a la cama, pero la curiosidad me ha traído hasta el blog...
    Muchas muchas gracia, Pilar...
    Te aseguro que esto de escribir, todo es empezar...ya veremos la próxima vez... a ver que sale...
    un abrazo.

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  3. Me ha parecido muy interesante tu novela, me engancho pero.... el final es como lo titulas un final inesperado...¿continuara en verdad?
    te felicito tienes una gran facilidad para la narrativa.
    dej mi saludo y la huella de mi visita.

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  4. En pocas líneas has conseguido atraparme por completo.
    Muy bueno, y una forma muy elegante y suave de entrar en los recuerdos de Ainhoa, a la vez que una brusca vuelta al presente.

    Un saludo :)

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  5. Esto... Debería continuar. Porque la mesa está muy bien puesta, incluso se ha hablado de platos, pero el hambre es atroz, y nada se ha resuelto por el momento.
    Me gusta el misterio, ese algo especial que envuelve a todos los personajes, o al menos a los tres principales.
    La verdad, ni idea de cómo va a continuar.
    Saludos.

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  6. Genial.. La chica Holmes va desgrabando secretos escritos en la noche (que continua, claro)

    mi beso

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  7. Tengo que decirlo otra vez: impecable. La verdad es que, me fascina la gente que sabe escribir.

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  8. Como siempre, muy bien escrito. Me encanta el pasaje en el que describes la relación pasada entre Ainhoa y Philippe. Felicidades por el texto, Marián.

    Un beso.

    PD: Me resultó también muy interesante ese sueño tuyo del edificio alto y el jardín escrito donde tú ya sabes... ;-)

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  9. Una historia genialmente trabada, Marián, mezclas con acierto diferentes géneros en el relato que van desde reminiscencias de la novela policíaca a la sentimental, creando un suspense muy, muy apetecible.
    Estoy con Pilar, sobran los signos de interrogación del "continuará".
    Mi sincera enhorabuena, Marián.
    Siempre es un placer leerte.

    Besitos.

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  10. Atlántida:
    He visitado tus blogs, llenos de poesía y una sutil nostalgia...me han gustado mucho.
    Muchas gracias por tus halagos, gracias.


    nobody as himself:
    Me agrada mucho que te haya gustado.
    Tú también me gustas. Tienes una original forma de jugar con las palabras,
    Un saludo.


    Igor:
    Es pronto para que se resuelva nada...Y si te digo la verdad, tampoco yo conozco muy bien a los personajes...
    Seguiremos investigando, jajaja,
    Gracias, Igor, un beso.

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  11. El magnetista:
    La chica Holmes, jajaja...Alto honor me concedes, querido magnetista, soy una chica muy normal, aprendiza de todo, porque la curiosidad me mata.

    Un beso.


    Curiyú:
    Muchas gracias, hombre, también tú me encantas, tú si que escribes bien.
    Un saludo.

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  12. Kinezoe:
    Muchas gracias, Kine, ya sabes que me gusta gustarte...¿te gustó mi sueño recurrente? pues te aseguro que no he logrado que se vaya, no sé porqué será pero lo sigo soñando.
    Un beso.


    Marisa:
    No sabes cuantísimo me agrada que te guste lo que escribo, ya que tú lo analizas todo punto por punto, gracias, Marisa, y si te soy muy sincera, no tengo ni idea de cómo voy a seguir...
    Besos.

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  13. Esperemos que nos regales la continuación. Besos.

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  14. Te quiero porque sí2/27/2011

    "Golpear" es, en la vieja jerga teatral "ver".

    Sus globos oculares rotan hacia el interior para escanear el cerebro. Te regalo la frase.
    De nada.

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  15. Jajajaja....
    Muchas gracias, hombre,

    Después de mirar vagamente hacia fuera, añadiría yo.
    Un beso.

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El Demonio no tiene razón; pero tiene razones. Hay que escucharlas todas. Antonio Machado.