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Es preciso llevar algún caos dentro de sí para poder engendrar estrellas danzarinas. Nietzsche.

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No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos viven tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Hermann Hesse.

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¡¡Déjame con la boca abierta!!

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Si la personalidad humana no adquiere toda su fuerza, toda su potencia, entre las cuales lo lúdico y lo erótico son pulsiones fundamentales, ninguna revolución va a cumplir su camino. Julio Cortázar

lunes, 28 de febrero de 2011

Momentos Mad Men


Sutilezas verbales antes de la cena, para ir abriendo boca:
--Háblame de tu padre--solicita él, sutil, a la psicóloga de la empresa.
--Mi padre tiene una confitería--responde ella.
--¿En serio? Muy interesante...
--Sí, lo es. Tiene amigos muy peculiares...
--¡Ah¡...--exclama él mirándola con suspicacia--¿Y trafica?
--No. Pero tiene mucha mano izquierda con los más influyentes.
--¿Y cómo es tu padre?
--Es un gangster muy guapo y de poca monta, como tú.

Son compañeros de trabajo, ella y él. Son ejecutivos. Se atraen pero su relación es como una partida de ajedrez. Los dos juegan a ganar...Son inteligentes, saben que se atraen mutuamente, pero alargan el encuentro; ese que alargará el juego, puede que queden en tablas, pero aún no contemplan esa posibilidad. Él ha tenido muchas aventuras amorosas y no hace mucho se divorció. Ella es prácticamente nueva en la empresa, es inteligente, culta, sabe lo que quiere y guarda las distancias. A ella él le atrae desde el primer día. Él lo sabe...Ella lleva un anillo de compromiso para ahuyentar moscones. Los dos saben que se acerca el día en que tendrán una velada juntos.

Y llega esa noche, la cena, en un típico restaurante que ella ha elegido. Hablan de sus inquietudes. Ella le cuenta la fábula del viento y el sol: El viento y el sol compiten para ver cual de los dos consigue que el caminante se quite la chaqueta. El viento sopla con fuerza e incomoda al hombre que pasea por la playa. El sol le acaricia con sus rayos y le da calor, el hombre desea quitarse la chaqueta pero desiste, porque aunque el sol le da calor el viento le enfría. El sol manda rayos de mayor intensidad, y el hombre se rinde y se quita la chaqueta. Moraleja: La ternura, la amabilidad y la persuasión vencen a la fuerza bruta. Él, muy receptivo, captando el mensaje de Esopo, se quita la chaqueta y se la pone a ella sobre los hombros, toda una declaración de intenciones...

Al volver a casa en un taxi, la chaqueta sigue ahí, encima de los hombros de ella, le mira agradecida, las miradas esperan el beso, apasionado, se besan, ella le pregunta si están lejos de donde vive él, él dice que vive a la vuelta de la esquina, ella vuelve a besarle con un apasionado beso más entregado, pero él, mirándola a los ojos, dice que la llevará hasta la puerta de su casa, ella se desconcierta un poco, y con voz trémula le pregunta porqué, y él...muy cerca de sus labios, dice que lo hace porque es lo más lejos a donde puede llevarla en ese momento. Ella sigue sin comprender, y él dice que es porque aún no quiere que llegue el momento de la despedida...Ella no esperaba esa respuesta, pero él sabe administrar la espera, para no gastar aún el placer del deseo. No quiere aún entrar en la posesión de lo que ya tiene, alargando el momento, esperando todavía un poquito más. Y es que hay conquistas que se van cociendo a fuego lento...

domingo, 20 de febrero de 2011

Un giro inesperado II


El jefe de la policía secreta, ya retirado por problemas de salud, miró a su hijo directamente a los ojos, sin ambages, casi se podría decir que hasta con una mirada de reproche. Definitivamente llegó a la conclusión de que el oficio de detective no se aprende en cuatro días, se necesita gran conocimiento del género humano y de enorme capacidad para hacer cualquier cosa inimaginable dentro de sus cánones de la moral. Antes de retirarse definitivamente quería donar a su único hijo varón (pues su otro vástago era una bella joven no menos  inteligente que algunas otras mujeres del clan, y que sabían ganarse la vida en el prestigioso bufete de abogados de la familia), algunas propiedades y una nada despreciable suma de dinero en un banco suizo, para que pudiera abrirse camino con desahogo como detective privado. El comisario tenía en su poder varias recopilaciones y suficiente material que le podría ser muy útil. Eran notas sueltas de los largos años de servicio, cuya misión había sido cooperar con sus investigaciones para Interpol, ayudando a esclarecer y resolver crímenes a nivel internacional. Tenía en mente, con todo ese material publicar un libro. Sin duda que algunos editores ya estaban pensando en que todo eso podría convertirse en un producto muy comercial.

Pero en éste momento quiso ayudar a su hijo en la investigación.

Mientras escuchaba los últimos detalles de la acusación, Ainhoa trataba de no reflejar su desconcierto en el rostro, su mirada poco a poco se iba apagando y quedó fija en un punto de la pared vacía.
--¿Confiesa que la ha escrito usted?--preguntó con aire distraído el comisario don Ramón Aguirre, mostrando la carta mientras que su mirada seguía examinando otros documentos sobre la mesa.
--Yo no sé nada de esa carta porque puedo asegurar que yo no la he escrito.
--¿Niega también que tuvo relaciones íntimas con el fallecido?
Ainhoa retiró con la mano el cabello del rostro haciendo una pinza con los dedos colocándolo con un gesto femenino tras la oreja.
--Éste interrogatorio está fuera de lugar, no tengo porqué contestar a esas capciosas preguntas, señor comisario.
--Señorita Ainhoa Cervantes, se trata simplemente de aclarar algunos puntos. De ningún modo es un interrogatorio ya que ninguno de sus abogados se encuentra presente.

Se decía del comisario Aguirre que era un hombre muy sagaz, capaz de sonsacar, intimidando muy  sutilmente, íntimos y muy útiles datos para la investigación. Su aspecto físico era espigado, delgado, de cara amable, con ojos claros, azules. Tal como contaban algunos que habían tenido la desgracia de encontrarse cara a cara con él, tenía la rara habilidad de desnudar el alma. Dificilísimo salir indemne después de sus interrogatorios, pues las mentiras mejor elaboradas apenas se sostenían ante su mirada.

Bartolomé Botines. Presidente y director de la entidad bancaria más conocida de la ciudad, había sido encontrado muerto en una suite de uno de los grandes hoteles de superlujo de Marbella. A simple vista todo parecía tratarse de un asunto turbio relacionado con el comercio de armas. Abrieron varios frentes en la investigación, sin olvidarse de la trata de blancas y también con otros asuntos relacionados con las drogas.

Álvaro Aguirre, respiró tranquilo, sabía que de ninguna manera Ainhoa podría estar implicada en ese desagradable asunto. La conocía desde que era una niña. Más aún, cuando él estaba a punto de cumplir sus veinte años, nació esa bella criatura que fue la alegría de su familia, y de todos los amigos de esos encantadores seres que la formaban. Su abuelo materno, que tenía voz y voto, tachó de un plumazo todos los nombres que los jóvenes padres de la niña habían barajado y dijo: "se llamará Leticia, que significa Alegría". Pero su abuela, con el peso de su autoridad, y que también todos respetaban, intervino y dijo: "La pondremos Ainhoa. Eso es, ¡Ainhoa¡ la flor de espino blanco en lo alto de la montaña, también llamado espino ardiente. Y ya no hubo más que hablar sobre el nombre de la niña.

  
Pero la niña no había estado siempre bajo la atenta mirada de Álvaro, la niña había pasado algunos veranos en la región de Alsacia, en casa de su tía Irene, que la enseñaba los maravillosos lagos que despiertan la imaginación. Vivía en una planta baja de un pequeño hotelito regentado por ella misma, y por su ayudante cocinero y viejo amigo Federico, y con el hijo de este, un atractivo muchacho que hacía las veces de ayudante de cocina y jardinero. Éste joven, llamado Philippe, le había enseñado a Ainhoa muchas cosas, entre ellas a contemplar desde el tejado la Luna. Y tumbados en la fría hierba de la primavera, a leer las imágenes que dibujaba el viento con el algodón de las nubes...Philippe escribía románticos poemas dedicados a ella, y ella...descubrió los primeros placeres del sexo en primera persona, encerrada, sola, y con un espejo que le había regalado su abuela. El hijo del cocinero era muy tímido. Ainhoa solía recordar aquél día en que al acercarse a su habitación, tras la rendija de la puerta, le vio completamente desnudo. Lo comparó a una de las estatuas del Museo...pero aquello, lo que vio, le  pareció muy grande, y tampoco era como lo de algunos niños que había visto desnudos. Después empezó a reconstruir aquel instante con precisión en su mente y a imaginarlo una y otra vez, hasta que ya no se acordaba del original y empezó a resultarle inverosímil...


Cuando empezó a hacerse adulto, Philippe, se volvió algo extraño. A veces salía solo al atardecer y Ainhoa solía buscarlo, su tía Irene lo buscaba, su padre lo buscaba, hasta que por fin lo veían a lo lejos, aparecer por el horizonte, y su padre le decía que no podía estar tan engolfado con su soledad, que tenía que ser más sociable. Philippe era muy guapo, pensaba Ainhoa, poseía una gran inteligencia innata, pensaba la  tía Irene, que nada de lo referente a Philippe le pasaba desapercibido. Y se ofreció a pagarle los estudios en una de las mejores escuelas de Hostelería en París, tenía sobradas cualidades, según ella, para convertirse en un gran Chef, así que no era altruismo hacia el joven, sino una inversión a no muy largo plazo. Pero pronto el joven Philippe descubrió que podía caminar sin muletas; sin ayudas exteriores de la tía Irene o su padre. Y empezó a volar por su cuenta. Después de lograr con éxito el Título de Chef, y con matrícula de honor además, se matriculó en Derecho y empezó la aventura de otras incursiones relacionándose con personas de distintas procedencias y niveles sociales en torno a La Sorbona. Más tarde empezó a viajar y a mandar postales de sitios lejanos idílicos del sur. En México, conoció a un hombre extraordinario a quien el joven Philippe empezó a considerar como de la familia, y a referirse a él como su querido tío.

--¿Conoce usted a éste joven, señorita Cervantes? ¿le ha visto alguna vez?.
La voz del comisario la hizo salir de sus recuerdos y ensoñaciones...
Ainhoa entornó los ojos, su rostro súbitamente se encendió. Las palabras huyeron, el silencio se adueñó del entorno por unos instantes. Hasta que por fin quedó roto con el sobresalto de un suspiro.
--No--susurró después apenas sin mover los labios.
--¿No?
--Ni creo haberle visto ni sé quien es.
--Es sobrino del fallecido, don Bartolomé Botines. Su nombre es Mauro Philippe Montesanto. ¿No le suena su nombre?.
La cara de Ainhoa pasó del rojo encendido a una intensa palidez.
--Es posible que ese nombre sea ficticio--aclaró el comisario--y que ni siquiera sea sobrino de la víctima. Hay muchas lagunas en éste caso. Seguiremos investigando.

Ainhoa, con gran esfuerzo consiguió evitar el desmayo. Al levantarse de la silla sus piernas flaquearon.
--¿Te encuentras bien?--oyó la voz de Álvaro--sí, respondió con un movimiento de cabeza.

Salieron y el aire fresco la tranquilizó. En el coche no dejaba de pensar en él. ¿En qué peligrosa trama se encontraría inmerso ésta vez?...Esto podría ser grave ¡un asesinato¡...No le creía capaz, era inteligente, astuto, aunque a veces le parecía vulgar, como aquél día en el crucero, que llegó a amenazarla, y hasta insultarla, y otras en cambio, le había visto muy seguro y experimentado, él era así, un mundo de contradicciones cuya rara conjunción a ella le resultaba fascinante, magnética....

¿Continuará?...  
 

sábado, 12 de febrero de 2011

...abismo...(¿existencial?)...


Escalar hasta la cumbre de la montaña. Llegar y pensar en el abismo...no en el que está a tus pies, sino en el abismo más sencillo de todos: el que separa a los que eligen de los elegidos...

sábado, 5 de febrero de 2011

El cuerpo


¿Quién soy yo entre los mortales?,
preguntaba Diomedes.

La mirada del artista, que intuyó las formas, que intuyó el orden y el movimiento de las estrellas...que se fija también en el hombre y empieza a decirnos cómo es. El resultado de esa mirada se llamó "theoría"--"lo que se ve"--. Los griegos lo plasmaron en mármol, donde cada músculo, cada plano se destaca y va tendiéndose a dibujar al hombre ideal, lejos de los sueños desgarradores de otras criaturas. Se establece así los principios del conocimiento, de la comunicación intelectual y de la sabiduría.

El imperativo de saber quien eres está en la esencia de la filosofía, el fundamente de todo conocimiento, la verdad más importante imaginable...mi cuerpo ¿soy yo la fuente de mis pensamientos?...y, ¿es él quien piensa exactamente?, ¿es mi cuerpo el que me gobierna?...y, sobre todo, ¿influye en mi lo que piensan los demás?...

Estas son mis cavilaciones, las que van rondando sobre estas supuestas verdades. Pero no logro verlas con claridad. La intuición intelectual más cierta representa el conocimiento fundamental que tenemos a nuestra disposición. Kant ya había deducido la necesaria unidad de conciencia y experiencia...y yo pienso (muy puesta en mi misma) que, en el análisis final, no hay distinción entre el yo y el mundo. Pero lo más divertido de todo es que la realidad externa se contempla en un prototipo; en un presunto modelo...y así, luego...¿no es realmente lo que se evapora? ¿y no estoy yo, inconscientemente, implicada en esa dualidad falsaria?.

domingo, 30 de enero de 2011

La Inmortal


No es Ella una desconocida,
aunque guarda las distancias.
Mejor así.
Tiene sus extravagancias,
caprichosa, cruel.
A veces cortés, otras intransigente,
inesperada otras veces.
Dulce, atenta, laboriosa, diligente.

Depende de su contabilidad.
A veces trae las cuentas al día,
otro día se sienta en paciente espera.
Puede ser elegante,
e inesperadamente se esmera.
Hasta que tú
la invitas a que te de la mano.
Entonces se acerca,
te inunda con su gélido viento
y te deja fría,
sola, blanca, sin aliento.

Inerte como las estrellas muertas,
cósmica estela
agujero negro y se va
con sus vientos a otras puertas,
con sus cronologías a poniente.
Ella es por tiempo indefinido
Ella es inmortal.
¡Ella es imponente¡

viernes, 21 de enero de 2011

Hombres...


He recordado en estos días a algunos de mis primeros novios. Recuerdo que en algún momento del pasado quise confeccionar una lista con las características que debía poseer mi pareja, pero más tarde lo taché y olvidé la lista. Hace poco se lo comenté a un amigo.

--¿En serio hiciste una lista?
--Todos tenemos una lista ¿tú no?
--Tuve una supongo, pero me confundía más que me aclaraba. La olvidé.
--¿Y eso?
--Tú hubieras quedado fuera.
--Hummm, interesante ¿Soy el caso que refuta la teoría o la excepción que confirma la regla?
--Deja que lo piense...

Me gusta este hombre. Su carácter recopila aspectos del modelo formado, una mezcolanza espesa y cautivadora. Esconde una habilidad secreta que le permite en cualquier momento adaptarse como un guante de seda a las formas de mi mano, o hacer todo lo contrario; cambiar como un camaleón. Llegado el caso, puede llegar a contradecirme con una solvencia que a nadie más le he tolerado. Hace tiempo que camina serenamente a mi lado, puntualizando con sus palabras mis pensamientos. Es extraño este hombre, que sigue a mi lado como una sombra protectora y sin molestar. Incluso mis amigas lo han aceptado, pues a veces hablamos en su presencia como si él fuera invisible, y hablamos de otros hombres... y él, con sigilo, suele tomar notas. No le damos importancia, porque una vez nos dijo que su inquietud era estudiar la psicología de las mujeres. Pero lo que no sabe él, o puede que sí, que lo intuya, es que él a nosotras nos transmite mucho conocimiento sobre el comportamiento de algunos hombres. Y lo que yo he llegado a pensar es que eso de ser camaleónico es una estrategia...y puede que sea la clave para llegar a conseguir que yo sienta algo más tangible por él...

La paciencia en estos casos no suele dar réditos, ya que cada persona es un universo, y el alma en el apartado del amor tiene mucho de esotérico, esperar algo de quien se está enamorado no es cuestión de tiempo, pues el amor es como el fuego, que no te afecta si lo contemplas de lejos...y esperar a que se consuman las llamas para rastrear entre las cenizas no suele ser gratificante.

domingo, 16 de enero de 2011

Un giro inesperado


La puerta emitió un chirrido metálico que la hizo salir bruscamente de sus ensoñaciones. Un hombre se acercaba a grandes pasos, su rostro tenía un gesto embrutecido y despiadado. De su mano colgaban un manojo de llaves. Sólo entonces se dio cuenta de que aquel extraño entorno se asemejaba a una especie de mazmorra.

A través de una enrejada ventana le llegaban sonidos de sirena que rompían la monotonía de aquel murmullo urbano que arrastrado por el viento llegaba hasta el repugnante habitáculo. Estaba amaneciendo y por la pequeña claraboya se podía divisar un trozo de firmamento grisáceo emborronado por barrocas pinceladas negras. Hizo un esfuerzo mental para situarse. Se esforzó en proyectar una introspección e intentar saber dónde estaba y porqué. Recordó las operaciones matemáticas de la noche anterior. No estaba muy segura de haber perdido la noción del tiempo que había transcurrido, así que tal vez se trataba de esta noche ya concluida. Y pensándolo ahora fríamente todo le parecía más absurdo aún. Si alguna de las fórmulas le había llamado la atención, ahora se habían alejado tanto de su razonamiento lógico que todo carecía de sentido. Aún así se esforzó, intentó encontrar coherencia a todo aquello, pero su mente seguía sumergida en una nebulosa imposible.

El hombre de rostro iracundo se iba acercando y casi de modo instantáneo la luz inundó su cerebro. Casi toda la noche la habían pasado en el Casino. Iker y Álvaro cambiaron las fichas y cuando ya se disponían a salir surgió el caos. Después el pánico que siempre acompaña a una redada. Ainhoa sintió un tirón de su brazo y la prenda que recogía del guardarropía cayó al suelo. Luego vino la espantada y el desmayo...


--¿Qué parentesco le une a los detenidos? ¿Es usted la esposa de uno de ellos?--la voz implacable del hombre taladró sus oídos.
--No. Uno de ellos es mi hermano--respondió y su propia voz le sonó extraña.
Ainhoa seguía dándole vueltas a la palabra "detenidos". Anteriormente ella lo había pensado; intuyó que algo iba a fallar en el sistema puesto en marcha. Era la primera vez que ocurría. Ahora tendrían que estudiar dónde estaba el fallo. Sabía que ella era una simple pieza puesta por su hermano, un peón, un comodín, un mecanismo de distracción. En realidad nunca se había parado a pensar con detenimiento a qué dedicaban el tiempo libre Álvaro y su hermano, aunque también intuía que el trabajo relacionado con el Casino les llevaba más del 50% de su tiempo. Del otro 50% ella podía dar cuenta.

El hombre de gesto implacable, repentinamente, suavizó las facciones con una mueca que parecía una sonrisa al responder a una llamada de su móvil. Dio una orden con la mano y la dejaron salir sin más preguntas y sin ningún cargo.


En todo el trayecto hasta llegar a la casa, Ainhoa no soltó prenda, ni media palabra salió de su boca. Bajó del coche. Álvaro se apresuró y al llegar a su lado la abrazó con mimo como arropándola. Su hermano, sin salir del coche sacó el brazo por la ventanilla y alcanzando su mano la acercó a él.
--¿Crees que es un error?. Nosotros pensamos que es un acierto. No te preocupes, hermanita, cosas como la de esta noche sirven para no bajar la guardia, para perfeccionarnos. Me dolería que te sintieras utilizada, no olvides que somos un equipo, valemos para esto. A la vista están los resultados.

Álvaro la acompañó hasta la entrada rodeando sus hombros en un abrazo protector. Después la besó en la boca. Ella se colgó de su cuello y le susurró al oído: ¿no te quedas? mañana nos vemos, fue la respuesta.
Ainhoa ya dentro, por unos instantes se quedó pensativa de espaldas a la puerta. Se contempló en uno de los espejos del vestíbulo. Vio su rostro cansado y sus prendas algo ajadas por el paso de las horas nocturnas. La casa, situada en una zona residencial de la ciudad, tenía el aspecto de mansión al estilo de los nuevos ricos. granito en la fachada, mármol rosa en los suelos, paredes forradas de ébano color marrón intenso, combinación de muebles clásicos con funcionales. En cada rincón se notaba la influencia de jóvenes ricos y caprichosos de esos que no atienden a los buenos profesionales a la hora de edificar y decorar su casa...porque ellos se consideran a sí mismos los mejores en arte y arquitectura. "A la vista están los resultados" acababa de sentenciar su hermano...Ainhoa pensó en la lujosa vida que llevaban, los tres, su hermano, su amante y ella. Coches de alta gama, continuos viajes a los lugares en que triunfan por igual el éxito y la corrupción... y ella...pensó que no era tan alto el precio que estaba pagando a cambio de esa vida regalada en constantes viajes en cruceros, en hoteles de lujo, perfumes, joyas, en las que para asistir deslumbrante a las cenas se embutía en modelos de las más prestigiosas firmas de Roma, París o Londres. No, no era tan alto el precio, pensó que merecía la pena. Al fin y al cabo ella sólo regalaba sueños fingiéndose soñadora, enamoradiza y disponible. Nada más.

Subió a la suite. Bajo la ducha empezaron a fluir los recuerdos. Quiso desecharlos, que se fueran por el desagüe en círculos vaporosos y perfumados como las partículas residuales de su piel. El chorro suave y cálido de la ducha ahogaban las voces interiores. También ella era un pozo de misterio, cerró los ojos y volvieron aquellos momentos, los acontecimientos de aquel lejano y aciago día en el que se vio obligada a subir otro escalón. Su familia puso a su servicio a prestigiosos abogados, pero...¿qué hacer? ¿desnudarse, mostrando su inocencia manchada? ¿pisotear su orgullo?. Salir de ese laberinto supondría otra mácula a su supuesta inmaculada inocencia. ¡No¡ Se había sentido perdida en un dilema: apelar a su indefensión  o incluso   al recurso de amparo. Los abogados la instaron a mentir en favor de su defensa. La Ley se lo otorgaba, pero prefirió acogerse a la quinta enmienda. ¡Nunca un silencio había sido tan elocuente¡. Hubo un momento en que se imaginó que todo lo había hecho por sí misma, que se lo había ganado con el trabajo duro. Pero la vida no es como el dinero. Podemos ganar dinero, pero eso no significa que ganemos felicidad, porque eso exactamente está fuera de nuestro control, la vida puede dejarnos tirados en cualquier momento, ésta es la más incómoda de las realidades, porque nunca fabricamos vida. Dejamos que la vida pase a través de nosotros. La vanidad podrá engañarnos para que creamos otra cosa, pero nunca fabricamos vida. La vida pasa y no existe el estado de gracia. Abrió los ojos ¡puta manera de ser¡...siempre divagando para nada.


Terminó de arreglarse. Se sentía más reconfortada. La casa era cálida y acogedora. Desde allí arriba contempló el lujoso hall de la entrada, y con una pose de altivez cinematográfica empezó a descender. Pero de pronto, se paró en mitad de la escalera. La negra silueta de Álvaro quedó recortada en la puerta abierta. Dos hombres se acercaban y la voz de Álvaro llegaba a sus oídos distorsionada:
--Dicen que tienes que acompañarnos.