El salón de actos estaba a rebosar para escuchar la conferencia. El ponente poseía ese carisma que no se compra con nada: se tiene o no se tiene. A juzgar por la cara de embobados de todos, sin contar a las mujeres...que eran más del cincuenta por ciento, y que se mostraban con la boca abierta y los ojos semientornados...el conferenciante supo que tenía al público en sus manos. Y sin mucho preámbulo entro de lleno al asunto. Decía que hay dos tipos de problemas, los que tienen solución y los que no. Y que por ninguno había que perder el sueño: los que tienen solución es cuestión de solucionarlos; y los que no de asumirlos, pues no son problemas sino circunstancias.
Después de mirar con cierta parsimonia a los concurrentes, tomó el vaso de agua que tenía en la mesa, y que estaba medio lleno, y lo mostró al auditorio con el brazo en alto. Todo el mundo esperaba la pregunta: "¿Está medio lleno o medio vacío?". Sin embargo preguntó: "¿Cuanto puede pesar?". Hubo algunos murmullos y cabezas juntándose buscando respuestas. Y estas variaron entre 200 y 250 gramos...
El conferenciante, esgrimiendo una sonrisa y, con su habitual encanto, dijo: "El peso absoluto no importa, sino el tiempo que lo sostenga. Si es un minuto, no es problema; si es una hora, me dolerá el brazo; si es un día, será mejor que vaya al médico. El peso del vaso no cambia, pero...cuanto más tiempo lo sostenga, será más pesado y más difícil de soportar".
Y continuó: "Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más, te empezará a doler la cabeza, y si piensas en ellas todo el día, acabarás paralizado, incapaz de hacer nada".
Los aplausos retumbaron por todo el salón, y cuando algunos empezaron a levantarse entre bravos y vítores, y antes de que las féminas se precipitaran hacia el admirado conferenciante, el ayudante que las había convocado empezó a repartir sendos catálogos con espléndidas fotos del atractivo "ponente imponente". Cosa que este aprovechó para desaparecer tan repentinamente como había aparecido. Y es que rodearse de misterio es esencial para impregnarse de carisma...














