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Soy imprecisa, poco inteligente, y demasiado malvada. ¿Qué significa malvada? Que no me importa ver sufrir a la gente. De vez en cuando, me gusta. "Tres veces al amanecer"

PRESENTACIÓN

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viernes, 21 de noviembre de 2014

El Inquisidor General


Los hermanos
Karamazov:

--¿Tú has escrito un poema?
--No-dijo Iván riendo-, pues no he compuesto jamás dos versos en toda mi vida. Pero he soñado con ese poema y me acuerdo de él. Serás mi primer lector, es decir, oyente. ¿Por  qué no aprovechar tu presencia? ¿Quieres?
--Soy todo oídos.
--Mi poema se intitula “El Inquisidor General”, es absurdo, pero quiero dártelo a conocer:

La acción se desarrolla en España, en la Sevilla del siglo XV, al día siguiente de un auto de fe en que habían sido quemados más de cien herejes. Es la época más terrible de la Inquisición, cuando cada día llameaban las hogueras en el país para mayor gloria de Dios, y cuando

En ingentes autos de fe
Quemaban a los terribles herejes.

…y de pronto, el Señor aparece entre el pueblo de una manera suave, como si quisiera pasar inadvertido, y el pueblo sin embargo lo reconoce, corre hacia Él atraído por una fuerza irresistible, el pueblo se agolpa a su lado y lo sigue silencioso…

Un viejo ciego desde su infancia, exclama entre la muchedumbre:

“¡Señor, cúrame y te veré!”Caen unas escamas de sus ojos, y el ciego ve. El pueblo vierte lágrimas de alegría y besa la tierra que pisa. 
De pronto Él se detiene ante el atrio de la catedral de Sevilla en el momento en que llevan un pequeño féretro blanco en el que descansa una niña de siete años.

--¡Él resucitará a la niña!-clama la muchedumbre a la madre llorosa.
El sacerdote que iba delante del ataúd mira perplejo y frunce el entrecejo.
Él contempla a la niña con lástima, y su boca exclama dulcemente una vez más: “Tálitha kumi”, y la jovencita  se levanta, se sienta y mira a su alrededor. La muchedumbre turbada grita y llora.

En aquel momento pasa por la plaza el cardenal inquisidor general. Es un viejo casi nonagenario, con el rostro enjuto y los ojos hundidos en los que aún brilla una chispa… sus  lúgubres auxiliares y la  guardia del Santo Oficio le siguen a una respetuosa distancia. Se detiene ante la muchedumbre y observa desde lejos. Lo ha visto todo, y su rostro se ha ensombrecido, sus ojos brillan con un resplandor siniestro… Le señala con el dedo y ordena a los guardias que lo detengan. El prisionero es conducido al sombrío y viejo edificio del Santo Oficio donde se le encierra en una estrecha celda abovedada. 
Llega la noche y el Gran Inquisidor llega a los calabozos, franquea la puerta y exclama:
“¿Eres tú, Tú?”
Y a continuación le dice:
“¿Para qué has venido a estorbarnos?”
Y amenaza a Cristo con la hoguera en la que deberá pagar el atrevimiento por haber vuelto…
Después le abre la puerta y el preso sale…
“¡Vete y no vengas más!”
“¡No vuelvas por aquí!”…Nunca, nunca…

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Esta joya se puede leer completa en el libro V de “Los hermanos Karamazov” Que también narra las tentaciones del Diablo a Cristo, y cómo éste las rechaza… y no parece que siga el mismo ejemplo la Santa Iglesia Católica  Romana y Apostólica… Ya entonces, con aquel Santo Oficio, claramente se ve quien es su dios…
“¿A qué, pues,  venir a entorpecer nuestra obra? ¿Por qué guardas silencio, observándome  con Tu penetrante y tierna mirada? Prefiero que te enfades, no quiero tu amor, porque no te amo . ¿Para qué disimular? ¿Para qué voy a ocultarte nuestro secreto? Quizás quieras oírlo de mi boca. Helo aquí: Hace mucho tiempo que no estamos contigo, sino con él. Hace justamente ocho siglos que recibimos de él ese don que tú rechazaste cuando él te mostró todos los reinos de la tierra. Nosotros aceptamos Roma y la espada del Cesar, y nos declaramos los únicos reyes de la tierra (…) El viejo quisiera que le dijese algo, aunque fueran palabras amargas y terribles. De pronto el prisionero se acerca  al nonagenario y besa sus labios  exangües. Esa es toda su respuesta. El viejo se estremece: “Vete y no vuelvas más…¡Nunca más!” Y le deja marchar  en las tinieblas de la ciudad.”


domingo, 16 de noviembre de 2014

Las emociones… en el recuerdo


El recuerdo  de las emociones puede ser la percepción  de un viaje al paraíso. Aquella vez, aquel primer amor, (que en realidad sólo era una atracción física),  aquellos ojos azules color verde esmeralda… un ademán en las manos, un juego torpe de miradas… el amago de un beso… Ese “primer beso de amor”  sólo resulta gozoso en la nostalgia. Cuando quiero recordarlo descubro que cuanto más me quiero contar la verdad, más mienten mis palabras. Y mucho peor aún, me escucho utilizando los mismos clichés obsoletos que usan los demás.

Y por otro lado, ese vacío presentido entre lo que hemos sentido y nuestra habilidad para contarlo me sume en la perplejidad de no recordar con total nitidez aquello sentido. Aquél  primer “te quiero” que fueron las palabras más mágicas. Ahora cuando las escucho, a veces, me parecen las palabras más inadecuadas, como una necesidad para salir del paso. Algo que parece lo correcto para darle una legitimidad de valor. Como una representación teatral; como una actuación inevitable. Actuamos, no porque mintamos sino porque no tenemos elección. A veces la vida nos pone en esa tesitura.
Y creo además, y lo creo sinceramente, que cada momento de nuestra vida es una representación teatral. Incluso en nuestros momentos más íntimos, somos nuestro público; de al menos una persona: nosotros mismos.

La mayor parte del tiempo no sabemos quienes somos. Pero nos queda la posibilidad de poder actuar, incluso podemos dar “autenticidad” a nuestras actuaciones. Pero, ¿autenticidad con respecto a qué? ¿a mi verdadero yo interior? ¿a los otros? ¿autenticidad ante lo que siento o deseo? Puede que estas preguntas sólo sean retórica, lo cual ni siquiera sean necesarias para conocer la verdad, pero pueden ser útiles para aclarar algo mis ideas.

Y lo que trato de decir es que… cada vez que intento escudriñar en mi pasado, sobre todo si es en el pasado amoroso, no encuentro, no ya cenizas, sino humo. Distorsionamos los recuerdos, los vestimos de verdades: nuestras verdades, porque todo recuerdo del pasado es un cuento inventado.


martes, 11 de noviembre de 2014

Vida de mi vida…


Hay dos únicos modos de vivir: hacia fuera y hacia dentro. Hacia  fuera tu felicidad es extrínseca y depende del pronóstico del tiempo. Hacia  dentro tu equipaje puede ser muy ligero  y tener bastarte con muy poco… o algo muy grande; tanto como tú quieras. Sobra decir que la gente verdaderamente inteligente rodea el problema comportándose como si hubiera muchos modos de vivir, o mezclándolos y alternándolos  a su antojo. La gente inteligente crea ficciones útiles y se atrinchera en ellas. Porque eso y no otra cosa ha de ser la inteligencia: una ficción al servicio de la vida.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Me resultan divertidas tus ojeras, Ariadna


Valorando al hombre en su esencia.

Nada es bello; sólo el hombre lo es: toda la estética se basa en esta ingenuidad. Esta es su primera verdad. Veamos ahora cual es la segunda: nada es feo, excepto el hombre cuando degenera; así queda delimitado el ámbito del juicio estético. En términos fisiológicos, todo lo feo debilita y entristece al hombre. Le recuerda la decadencia, el peligro y la impotencia.

Ante lo feo el hombre pierde energía. Podemos medir su efecto con un dinamómetro. Por lo general, cuando el hombre se siente deprimido, es porque olfatea la proximidad de algo “feo”. Su sensación de poder, su voluntad de poder, su valentía y su orgullo disminuyen a la vista de lo feo, y aumenta por tanto, a la vista de lo bello…

En ambos casos sacamos una conclusión: las premisas  de ésta se encuentran acumuladas en grado sumo en el instinto. Se concibe lo feo con un indicio y un síntoma de degeneración, aunque sea en un grado mínimo, nos induce a que lo juzguemos “feo”.

Todo signo de corrupción, de putrefacción, aunque se encuentre tan atenuado que sólo sea un símbolo, provoca idéntica reacción: la valoración de “feo”. Y así, aunque apenas lo percibamos, aparece una especie de odio: ¿qué se odia en este caso? No hay duda; se odia “la decadencia del ser humano”. Y se odia partiendo del instinto más arraigado de la especie… en el que hay estremecimiento, previsión, profundidad, mirada a lo lejos… no hay un odio más justificado que éste.

sábado, 25 de octubre de 2014

Glosolalia, Xenoglosia…


Las palabras a veces crean frases inconexas, otras veces frases vacías y otras, vergonzantes. Hay frases mudas y huérfanas de gestos. Y se pueden pronunciar sin ademanes o con aspavientos.

Cuando no hay argumentos las palabras se pueden adornar de gran aparato ceremonial. También bajando el tono con astucia hasta el murmullo para luego elevarlo hasta que estalle como un trueno.
Las palabras usadas con maestría pueden ser como polvos mágicos que se esparcen entre la concurrencia… cadencias bien usadas con oportunos silencios.
Técnicas todas éstas para despertar a un auditorio pasivo.
Y una vez que se termina el discurso lo que se comenta es lo bien que domina la oratoria el conferenciante. Y ahí se queda todo.

Pero…

Si las palabras se pronuncian como si fueran dirigidas al corazón de un juez inflexible, empedernido. Si se pronuncian como el reo de muerte que pide justicia al tribunal… entonces de lo que se trata es de llegar al corazón de los oyentes y hacer que el propio corazón del discursante afluya a su boca… y se abandone al lenguaje… para tomar de sus labios frases como si fueran pájaros echándolos a volar, palabras autenticas que salen con alas y se despliegan sobre los oyentes y los conducen en peregrinación hacia un santuario buscando un milagro… verdades de todos que arranquen las vendas de los ojos para vernos las caras y hablar todos en un mismo lenguaje…

Y…

Tal vez lo que nos falte sea poesía en la política, ya que, economía, finanzas, el fondo monetario, sean conceptos ininteligibles para el hombre del pueblo. Porque si dos ladrones más dos ladrones son cuatro ladrones…
¿Para qué buscar las cinco patas al gato?


domingo, 19 de octubre de 2014

Nunca me he cuestionado si las monjas están capacitadas para la educación de las niñas



Más de una vez me pusieron mirando a la pared… y yo ante tal humillación lloraba de rabia.. y parecía como si a Sor Amalia eso la encantara.  No nos dejaban hablar entre nosotras, y como yo tenía la manía de hacer constantemente preguntas… aunque las hiciera al aire, la monja siempre estaba al acecho para pillarme. Por último me puso al final del todo, en un pupitre a mi sola, sin la compañía de ninguna niña…

Casi todo el tiempo estaba distraída, miraba a la ventana, en los días grises me gustaba contemplar cómo resbalaba la lluvia por los cristales…“mierda de monja”, pensé, pero lo debí decir en voz alta porque Sor Amalia se levantó de la mesa, vino hacia mi blandiendo una regla con la que se daba golpecitos en su mano izquierda. Yo al ver el castigo que se me venía encima apreté los puños con todas mis fuerzas y empecé a llorar a mares…

Un día cuando terminó la clase, me dijo que esperara un poco hasta que ella volviera…¡no volvió y me dejó encerrada! Mi abuela harta ya de esperar y preocupada fue a hablar con Sor Amalia y, simplemente la monja se disculpó diciendo que se le había ido el santo al cielo… Mi abuela por supuesto  que quiso armar una buena; “remover Roma con Santiago“… Pero con la iglesia habíamos topado. Así que ya no volvimos más a ese colegio.
Esto es sólo un botón de muestra de lo que me pasó a mi y a otras niñas, porque Sor Amalia tenía un puntito de sadismo y utilizaba a las niñas…

Yo tenía una amiga, Marta, que era más amiga que las demás (todas las niñas teníamos una amiga del alma) y los atardeceres de verano tumbadas en la playa nos dedicábamos a pronunciar palabras; aquellas que las monjas no nos dejaban decir:

--¿Y pene? ¿qué es pene?
--Pues creo que es falo
--Ah, sí, falo, que es eso que algunas estatuas antiguas tiene como un palo muy grande
--Que no, tonta, que es por donde mean los hombres..
--Ah, vale, ya sé, es eso que el jardinero del cole llama chorra.
--Carajo… ajajá..
--Cipote.
--Cola.
--Minga.
--Nabo.
--Órgano.
--Paquete.
--Picha.
--Pijo.
--Pilila.
--Pinga.
--Pito.
--Polla.
--Rabo.
--Verga.

--¡Shh!…Marta ¡Qué estamos en pecado mortal!
--¿Sí? Pues que se jodan las monjas.


domingo, 12 de octubre de 2014

Alegato a la mentira


“Todo el mundo es una escena
Sobre la cual los hombres y mujeres
Son pequeños actores que vienen y van.
Un hombre ha de hacer muchos papeles en la vida”
Shakespeare, en la pieza
“Como gustéis”

Creo que muchos de los que andamos por aquí merodeando es porque nos gusta leer… sentimos esa curiosidad, a veces malsana, de ver cual es la última ocurrencia. Pero también a algunos les gusta leer algo más serio, como por ejemplo, libros. Dicho así parece muy rimbombante, porque en realidad de lo que somos amantes es de contar historias inventadas… y algunas veces hasta contamos nuestra propia historia.

Pero dicho esto, y poniéndonos un poco más serios, muchos de nosotros tenemos una debilidad: amamos a los creadores de historias, a los de verdad: a los que a semejanza de Dios nos van contando historias increíbles, historias que nos emocionan, que nos acarician la piel, que nos pellizcan el alma y, nos humedecen los ojos con sus imitaciones a la vida; con sus tragedias griegas al estilo moderno. Los escritores son como Dios, que ven más de lo que observan… o se erigen en el Olimpo de los dioses, que aún es mejor…

Sobre el blanco nevado de la nada van creando coreografías negras, bailes de letras, saltos y brincos de palabras. Igual que el Gran Hacedor, disfrutan al hacerlo y quieren compartirlo. Gastan su talento y son capaces de dejarse la piel. No les importa morir porque saben que resucitarán en su obra.

Nosotros, los que estamos aquí, disfrutamos con la lectura, porque a través de ella indagamos en otras vidas… decimos esto es increíble, esto no puede ser verdad, esto es de película…¡La vida es cine! Y sólo el que es capaz de comprender eso, es el que está más cerca de la verdad.

Pero en resumidas cuentas ¿qué más da que todo aquello que es mentira lo aceptemos como verdad? Y…¿Quién puede estar en posesión de la verdad? ¿De verdad, de verdad que no está nuestra vida rodeada  de pura mentira? ¿No son estas las preguntas que nos salen al paso, parándonos los pies, zarandeándonos, agarrándonos por las solapas? Todos estamos alejados de la Verdad. Y los que se ponen el marchamo de autenticidad; esos presuntos auténticos… los que aseguran que ellos nunca mienten.. já, já… a mi esos me dan risa.

Nacemos entre mentiras. Estamos aquí porque un Dios todopoderoso insufló vida a un muñequito de barro… y a mi me trajo la cigüeña …aunque si es cierto que vine de París. Pero nada es lo que parece. Somos pura contradicción. Y en medio de esa ambigüedad, creemos en cualquier cosa… desde que la mujer vino de la costilla de Adán, hasta que nos han sacado de la chistera del Gran Prestidigitador…¡Hágase el Hombre, Voilá! O como dijo aquél  personaje Shaquespeariano: “Estamos tejidos de idéntica tela que los sueños y nuestra corta vida se cierra con un sueño…” O como lo dijo Nietzsche: “Quien escala las más elevadas montañas se ríe de todas las tragedias de la escena o de la vida”.

Leemos para soñar, para reír, para llorar… incluso, leemos para aprender. Sí; uno termina intentándolo… escribir dicen que es un arte…  lo dijo aquel gran artista: “imitando se aprende; no es plagiar, sólo es intentar iluminar las ideas desde otro ángulo de enfoque; crear una luz que las trasforme… con arte”: “El secreto de la creatividad es saber cómo ocultar tus fuentes”: Albert Einstein. Y el gran Pablo Picasso aún fue más lejos: “Los buenos artistas copian, los grandes roban”…Y no olvidemos al genial Charles Chaplin que aún haciendo una versión propia, fue acusado por plagiar en “Luces de la ciudad” el cuplé “La Violetera”.Y es que como reza un proverbio: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Todo lo que se te pueda ocurrir ya estaba ahí antes. Sólo necesita un nuevo ángulo de foco. 

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Busqué la ciencia, y me enseñó el vacío.
Logré el amor, y conquisté el hastío. 
¡Quién de su pecho desterrar pudiera, 
la duda, nuestra eterna compañera!. 
¿Qué es preciso tener en la existencia? 
Fuerza en el alma y paz en la conciencia. 
No tengáis duda alguna: 
felicidad suprema no hay ninguna. 
Aunque tú por modestia no lo creas, 
las flores en tu sien parecen feas. 

Te pintaré en un cantar 
la rueda de la existencia: 
Pecar, hacer penitencia 
y, luego, vuelta a empezar. 
En este mundo traidor, 
nada es verdad, ni mentira, 
Todo es según el color 
del cristal con que se mira. 

Ramón de Campoamor