..

..
Es preciso llevar algún caos dentro de sí para poder engendrar estrellas danzarinas. Nietzsche.

..

..
No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos viven tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Hermann Hesse.

.

.
¡¡Déjame con la boca abierta!!

.

.
Si la personalidad humana no adquiere toda su fuerza, toda su potencia, entre las cuales lo lúdico y lo erótico son pulsiones fundamentales, ninguna revolución va a cumplir su camino. Julio Cortázar

martes, 3 de julio de 2012

¿La vida, como trama o azar?...


HERMENÉUTICA

La etimología del término "hermenéutica" significa "interpretación" "explicación" (arte de explicar, traducir o interpretar)

Al principio del siglo  XIX, Wilhelm Dilthey, historiador y autor de "Ciencias del espíritu", (estudios que incluían, derecho, religión, arte e historia) amplió más el campo de aplicación de la hermenéutica para interpretar y comprender textos oscuros, relacionados con el Derecho, y principalmente aquellos textos bíblicos incomprensibles. Con esto Dilthey aseguró que se podía comprender una obra mejor de lo que la había comprendido su autor, y una época mejor que los que la vivieron...

Ahí está. Sin dudas y sin ambages...No hay cosa mejor que estar en posesión de la verdad para ir tras el misterio de la vida...

lunes, 25 de junio de 2012

Efímeras musas...una es diabólica y ¿eterna?...


Intentó contemplarse a través de un reflejo de luz de luna proyectado en su piel. Se deslumbró, quedó cegada momentáneamente...No creía en las musas. Ninfas inspiradoras de las fuentes, cerca de las cuales eran adoradas. Aquellas que en un Principio el dios de los olímpicos las engendró. Su padre Zeus, y primas hermanas de aquellas nacidas de Urano y Gea...Urania, conocedora de la astronomía y las ciencias exactas. Terpsicore, poesía corporal y de la danza. Talía, poesía de la comedia bucólica. Polimnia, poesía sacra de los cantares sagrados. Melpómene, amante de la tragedia, del caos melodioso y de la contradicción. Euterpe, belleza armónica diva de la música. Erato, dotada para la canción amatoria y para la poesía lírica amorosa. Clio, portadora de la gloria, de la epopeya y de la Historia. Caliope, reina de la elocuencia, canción narrativa...poesía hecha carne...

Ella sólo creía en la inspiración que surge en un instante...inesperadamente, en la fuerza de un ser superior capaz de desafiar a musas y dioses...aquel que domina los astros y los vientos...el que abre las puertas al sol naciente...Así es él...

lunes, 18 de junio de 2012

Disonancia cognitiva


Excitado y enorme, colgado de una cacofonía creciente, taladraba una y otra vez mis oídos ¡Puta¡ ¡Puta¡ ¡Puta¡...A cada resonancia presionaba sus torpes dedos aplastando mi Glándula pineal, forzándome a mirarle a los ojos, yo, a punto de desmayarme como estaba...dolida y abrasada por el asco y el miedo ante el feroz animal que se había apoderado de él. "¡Vamos¡ dímelo tú, quiero oírtelo decir a ti; soy una puta, soy una grandísima puta...Venga, dilo, cacho zorra, hija de la grandísima puta"...Y yo, aún inocente, sin percatarme del todo del peligro que podía correr, dejaba derramar mis lágrimas mojando sus dedos..."¡Hacerme esto a mi¡ Aún no ha nacido la hija de puta que se ría de mi y viva para contarlo"...Su rostro estaba tan cerca de mi cara, como en las pesadillas más atroces...Todo giraba a mi alrededor. Aquella mañana un sol encantador había pronosticado buen tiempo para todo el día, pero ahora me asustaba oír el sonido de los agitados latidos de mi corazón...De pronto, afuera se levantó un fuerte viento que hizo revolotear las cortinas de la ventana semiabierta, haciendo crujir los cristales rompiendo el soliloquio. Ladeó la cabeza, y por un instante escaneó el aire con ojos desorbitados. Su atención fue a parar a los golpes que resonaron en una de las paredes de la habitación. Y ocurrió lo que menos podía esperarse en un momento así. Se derrumbó, comenzó a llorar como un niño desamparado, hundió la cabeza en su pecho y salió dando tumbos...

Su madre, mi suegra, había pasado por una experiencia semejante. Su marido se ahorcó en su pequeña biblioteca

La vida siempre pende de un hilo. A veces de un mal entendido. Otras, de una mala educación, que llevada al extremo puede desembocar en una celotipia sin medida y sobrevolar en el trágico aleteo de un feminicidio...

jueves, 7 de junio de 2012

La viuda del androide V


Lucia comenzó a vestirse, mientras con sus cuerdas vocales a la máxima potencia me mandaba a la mierda y se prometía a sí misma que jamás volvería a verme, ni a hablarme, ni a cogerme siquiera el teléfono y por ahí te pudras, cabronazo, pero yo no podía dejar de pensar en la viuda del androide, en sus ojos bellos que brillaban de una manera especial cuando hablaba de Gus, ni podía dejar de pensar en su sugerente anatomía...y portentosa autonomía...Me pregunté también qué excusa me iba a inventar el lunes cuando fuera a verla, cómo iba a explicarle a la viuda que Gus estaba desquiciado y era irrecuperable y que la empresa me había prohibido expresamente la posibilidad de cambiarlo por otro. Recordé también su fascinante e intensa mirada de odio cuando cometí la estupidez de saludarla usando el nombre de pila con el que ella misma había decidido bautizar a su amado androide de compañía.

La noche del domingo no soñé con ella. Soñé que era un androide de compañía cuya misión era servir de carabina a las chicas cuando salían de fiesta con sus amigas y no querían que ningún hombre las molestara. Yo era una ficción de novio y hacía cosas típicas de novio: a veces me dejaban el bolso para que lo guardara mientras ellas se contaban sus secretos o se intercambiaban la ropa en plan superamigas, otras veces me pedían que hiciera cola para sacarles entradas de conciertos o, para humillarme, me invitaban a bailar o se iban al baño a mear juntas mientras yo me quedaba esperando como un zombi en el umbral que dividía los baños por sexos. A veces incluso hablaban de hombres en mi presencia: de aquellos que les resultaban interesantes, de los otros que les resultaban ridículos, y por último, de los terceros y más fundamentales: los muy sexys. Y era justo en ese momento del sueño cuando yo recordaba que era un androide tipo carabina de gama baja que ni siquiera podía tener una erección porque no tenía genitales, y entonces mi gozo se transformaba en un pozo y el sueño en pesadilla.

Llegó el lunes y yo no me atreví a pasar por la oficina para contarle al payaso del jefe  de atención al cliente que el asunto tenía difícil remedio. En lugar de eso, desayuné una tortilla de huevos con bacón, cogí un martillo de la caja de herramientas de la despensa y reduje a cenizas al androide de la viuda del androide. Antes de hacerlo, esperé pacientemente a que advirtiera mi presencia y exclamara ¿qué? Justo en ese momento, afilando gustosamente el colmillo, le di  el primer golpe mientras repetía extasiado: ¿cómo que qué?, ¿qué de qué? ¡toma¡, ¡toma¡ y ¡toma¡...Luego conduje tranquilamente a casa de su dueña con la agradable sensación de haberme quitado un androide de encima.


Aparqué enfrente y esperé diez segundos después de pulsar el timbre. La viuda del androide me abrió la puerta con una sonrisa extraña en la boca. Me pareció que era muy hermosa.
--¿Y bien?
--Me temo que no tiene remedio. Debo confesarle que el otro día no entendía muy bien a qué se refería exactamente cuando me dijo que Gus no cumplía con su función, pero ahora ya lo sé. Tiene que ser duro que te den siempre la espalda.
--No necesito su compasión- me cortó de nuevo desafiante.- Sólo necesito un androide que funcione.
Y justo en ese momento yo me daba cuenta de que la viuda pertenecía  a esa selecta clase de mujeres que multiplican su atractivo cuando se enfadan.
--La empresa no tiene intención de cambiárselo- confesé con indolencia como si estuviera enunciando la ley de la gravedad- Por eso me enviaron aquí.
La viuda del androide no dijo nada. Ni siquiera pestañeó al revelarle tal mezquindad.
--Pero quizás haya una solución después de todo- continué- algo que nos pueda beneficiar a todos.
--Soy toda oídos. Dispare.
--Yo podría venir a dormir con usted todas las noches si no le importa. Usted no tendría que meterse en juicios y, a cambio, yo la abrazaría, la rodearía con mi hombro si hiciera falta y jamás le daría la espalda. Usted podría mirarme, tocarme, olerme: yo sería esa ficción porque, para el resto de las cosas, le confieso que yo también me basto a mi mismo...
--¿¡Qué¡?

FIN

viernes, 1 de junio de 2012

La viuda del androide IV


Así que sin más demora me dispuse a redactar el informe diario.

Lunes

Extraída la CPU del androide defectuoso e instalada en otro modelo de la misma clase pero con carcasa femenina, este se muestra receloso. El androide no sólo no abraza ni conforta durante el sueño, incumpliendo claramente la norma para la que ha sido diseñado, si no que, muy por el contrario, se muestra arisco e indiferente a sus sentimientos. Durante el sueño, el androide aprovecha para alejarse y da casi siempre la espalda y por toda respuesta, lo que sale de su boca en todo momento es un desafiante ¿qué?

Martes

Esta mañana, el androide se ha ido por su cuenta a la terraza a fumarse un cigarrillo. De acuerdo con los parámetros que debería guiar su comportamiento, su adicción es inexplicable.

Miércoles

Esta mañana cuando he entrado en la cocina el androide estaba exprimiéndose  un zumo de naranja. La prueba de su olímpica indiferencia hacia mi es que sólo ha usado 3 naranjas, justo las que necesitaba para llenar un vaso.

Jueves

Esta mañana cuando me he levantado y he intentado entrar en el baño acuciado por la urgencia, la puerta estaba atrancada. El androide se estaba duchando y he tenido que salir a mear al jardín. El frío era intenso y se lo he recriminado agriamente pero ya podéis adivinar lo que me ha contestado.

Viernes...

Me despierto de nuevo sin éxito en la soledad de mi habitación. El androide de compañía ha desaparecido nuevamente aunque no anda muy lejos. Lo encuentro 1 minuto más tarde en el salón viendo la tele tumbado en el sofá. Ha cogido una bolsa de pipas, ha encendido el aire acondicionado y se ha puesto a ver el pack de la primera temporada de Friends que mi exnovia se dejó en la casa cuando cortamos. Tal falta de respeto me ha sacado de mis casillas, así que no he tenido más remedio que desconectarlo de un derechazo.

Llegó el fin de semana y, para entonces, yo ya estaba completamente desquiciado por las ocurrencias del androide de la viuda del androide. Por momentos, me parecía estar viviendo en una pesadilla surrealista de incierto final. Por si fuera poco, durante la noche, los sueños libidinosos con la viuda del androide no me dejaban en paz e insistían en despellejarme la mente. Necesitaba respirar urgentemente. Llamé a Lucía.
--¡Qué haces?
--Aquí en el trabajo, dónde crees?
--¿Quieres que nos veamos cuando salgas?
--Ya veremos porque, cuando yo quiero verte, tú nunca estás.
--Sabes que no lo hago a propósito. Es por mi trabajo, que es muy especial.
--Sí, lo que tú digas. Luego te llamo, que ahora no puedo hablar.

Lucía me llamó media hora más tarde, yo apagué el androide y lo escondí en el armario apilado entre la fregona y el escobón. Cuando llegó Lucía, nada más cruzar por la puerta de entrada, apenas sin mediar palabras, empezamos a follar arrastrándonos por el pasillo como dos animales ansiosos. Mientras la penetraba, yo no podía quitarme de la cabeza los carnosos labios de la viuda del androide pronunciando esa frase: "Tan divertido le parece que una mujer se pueda bastar a sí misma?"...Cuando terminamos, Lucía empezó  a repasar con curiosidad científica, los cardenales derivados del fragor de la batalla. Después se quedó terriblemente callada. Luego empezó a mirarme con ojos asombrados...
.--¿Qué?-  respondí.
--A ti te pasa algo y no me lo quieres decir.
--Eso es ridículo.-le contesté justo antes de darle la espalda.

CONTINUARÁ....




domingo, 27 de mayo de 2012

La viuda del androide III


Estaba tan cansado que apenas me costó quedarme dormido. Caí en una oscuridad abisal y comencé a soñar con la viuda del androide. Estábamos en una fiesta dieciochesca, en medio de un gran salón lleno de lámparas de vidrio gigantescas y camareros sirviendo canapés. Aquello lo mismo podía ser  la corte de Catalina la Grande que una escena de "Las amistades peligrosas". El salón estaba lleno de caballeros  de figura egregia y peluca blanca y damas con polisones infinitos y maquillajes extraños. En un determinado momento observo como, emergiendo desde un conciliábulo de mujeres próximo, la viuda del androide se me acerca y me pregunta: ¿tan divertido le parece que una mujer pueda bastarse  a sí misma?. En absoluto, querida, respondo yo, mientras inclino mi rodilla imitando una genuflexión, el placer es mio, concluyo, mientras tomo su mano delicadamente...Y es justo en este momento del sueño cuando empieza a sonar "Jet'aime moi non plus" en la versión de Jane Birkin y Serge Gainsbourg y la viuda del androide y yo nos besamos apasionadamente...

Desperté empapado en sudor y con el sabor agridulce de aquel beso versallesco y la cancioncilla franchute en los labios. Miré a mi alrededor pero el androide no estaba donde debía estar. Era evidente que algo había ido mal, que no estaba cumpliendo con la función para la que había sido diseñado. Cuando me incorporé, lo descubrí de espaldas  junto al borde  de la cama.
--¿Qué?- me espetó como si se hubiera advertido misteriosamente de mi presencia.
"¿Qué?". Era absurdo. Jamás había visto a un androide de compañía decir algo tan ridículo. ¿Cómo que ¿"qué"? ", ¿qué de qué?
--Oye tú -grité.
--¿Qué? - repitió.
--¿Cómo que qué?- insistí.
No me respondió. Pero qué  iba a decir si era un androide de gama baja y su vocabulario estaba limitado a 500 palabras, los suficiente, por otra parte, para dar cuenta de un modo razonable del abanico de situaciones que tienen lugar cuando dos especímenes de homo sapiens deciden pasar la noche juntos: "échate a un lado" "me estás aplastando el brazo" "ráscame aquí" "quita, me estás destapando" "abrazame fuerte", cosas así. Pero decir "¿qué?", para un androide de su precio, no tenía ningún sentido. Su procesador carecía de la potencia necesaria para preguntar sin motivo, para inquirir sin objeto, para permitirse, en fin, el lujo de la abstracción por la abstracción. Me acerqué a él por detrás con un lápiz e introduje la punta en el orificio de su hombro izquierdo para resetearlo. En breves segundos volvió a la cama y comenzó a arquear las piernas hasta adoptar su posición original.

Volví a dormirme. Cuando por fin desperté a la mañana siguiente, el androide no estaba en la habitación.Temí que se hubiera escapado en mitad de la noche. No hubiera sido el primer caso. Una vez se nos perdió un VR9 y estuvimos dos días buscándolo hasta que lo localizamos en una discoteca de moda. Se había vuelto loco y se creía que era Tony Manero. De repente me entró pánico por mi trabajo y sentí fiebre al imaginar lo que tendría que contarle a la viuda si su androide- o la CPU de su androide- no aparecía. Comencé a buscarlo ansiosamente por cada una de las habitaciones de la casa hasta que lo encontré sentado en la terraza fumándose un cigarrillo y mirando el amanecer dándome la espalda.
¿Qué?- me dijo de nuevo.
--Oye tú, ese tabaco es mio- protesté- ¿se puede saber qué haces fuera de la cama?
Pero ella/él/ ello, ni se inmutó, así que lo apagué de nuevo, le quité el cigarrillo de la boca y lo cargué sobre mis espaldas de vuelta a la cama.

No sabía qué hacer. Estaba ciertamente desconcertado por el comportamiento tan extraño de aquel cacharro. En la literatura especializada no existen casos de androides psicóticos de gama baja. De hecho, el alto nivel de eficacia de los modelos de bajo coste se debía a la simplicidad de la tarea para la que habían sido diseñados. Las enfermedades mentales se daban siempre en los modelos más caros, en androides de compañía que se enfrentaban a dilemas morales como hacer la compra de la semana, o trances tan intensos como un día de rebajas. No sabía qué hacer, y precisamente por ello me dispuse a escribir un informe diario que me sirviera de seguimiento y de coartada en caso de que la porquería empezara a salpicarme.

CONTINUARÁ...

domingo, 20 de mayo de 2012

La viuda del androide II


Me sentía incómodo después de la estúpida broma a costa del inefable llamado Gus. La viuda del androide no parecía una de esas mujeres que se ríe con cualquier ocurrencia tonta del primer anormal que le sale al paso, porque por raro que parezca así  me sentía yo; como un anormal.

--Me lo llevo- dije con la esperanza de abreviar mi estancia en aquel sitio.
--Creí que el asunto era mucho más complicado- objetó-. El señor Pinkerton me dijo que...
--El señor Pirkenton es idiota- la interrumpí-.Hasta su señora madre podría dar fe de ello. De todas formas, no me llevo el androide. El androide se lo dejo aquí si no le importa. Lo que voy a hacer es extraerle la CPU, el cerebro por así decirlo. Así podremos estudiarlo.
--¡Ah¡...

En menos de un minuto extraje la unidad de procesamiento de la tapilla ubicada junto al hombro izquierdo y,  en menos de cinco, ya había desandado el camino a través de las catacumbas. Me despedí de ella embargado por la vergüenza no sin antes prometerle que tendría noticias de mis investigaciones lo antes posible.

Contemplé a la viuda del androide ya desde lejos sentado confortablemente sobre el asiento delantero del coche, mientras caminaba desde el jardín al porche de la casa marcando cada uno de sus pasos con una extraña cadencia. Tengo que decir que su zigzagueante modo de caminar me pareció terriblemente atractivo.

Volví a las oficinas pensando que la había cagado en todos los frentes: no había averiguado gran cosa, o no más de lo que ya sabíamos, traía el androide (su corazón al menos) de vuelta y, lejos de conformar a la viuda del androide, la había soliviantado. Pleno al quince. Pensé en la viuda del androide y en lo que en ese momento estaría pensando de mi y de mi proverbial torpeza. ¡Cómo podía haber sido tan idiota¡. Me acordé también del simio del jefe de atención al cliente. Lo que menos me apetecía en ese momento era tropezarme con él y tener que explicarle mis andanzas. Por suerte había salido a disfrutar de una de sus opíparas comidas, así que hable con Robert, el subdirector.
--Necesito un VR7 libre.
--¿Para?
--Para insertarle una CPU externa.
--¿Alguna referencia?
--No sé...¿sexo femenino?
--Corrígeme si me equivoco, pero que yo sepa los modelos VR7 son de gama baja y carecen de genitales.
--Bueno, sí, pero la cara y lo otro- le indiqué haciendo un gesto con las manos que pretendía simular volúmenes.
--La cara y lo otro- repitió deleitándose obscenamente con las formas- la carcasa querrás decir ¿no?
--Eso es- sonreí.
--No sé qué te traes entre manos y casi prefiero no saberlo- concluyó-. Sólo espero que no me salpique. Baja al almacén y habla con Wilson. Deja que termine esto y ahora lo llamo y le digo a qué vas.

Bajé al almacén y le expliqué el asunto a Wilson, pero Wilson, que era un mexicano tan bajito como contumaz, aún no había recibido la llamada de arriba y no había manera de que se moviera. Ordenes son ordenes, repetía cada vez que intentaba explicarle la urgencia de mi asunto. Tuve que esperar tres cuartos de hora hasta que por fin se produjo la llamada. Fue entonces cuando Wilson empezó a mostrarme todos los modelos disponibles perdonándome la vida y con evidente desgana.
--¿Alguna preferencia, mister?
--Me da igual.
Me sentí un poco sucio con aquél tipo relamiéndose el orgullo en mi presencia como un perro agotado, pero no dije nada.
--Al que le da igual es a mi, mister- Yo voy a cobrar lo mismo- insistió.
--Venga, éste- dije señalando la tercera caja de la derecha.
--Rubia caucásica. Es usted un pinche listo, amigo.
--Disculpe- concluí interrumpiendo el protocolo absurdo que Wilson había iniciado por su cuenta arrebatándole la caja de un zarpazo antes de que se atreviera a desempaquetarla- no es necesario.
--Se la lleva puesta ¿eh?
--Justamente- le indiqué- ¿le importa?

La caja pesaba bastante así que cogí un carrito del almacén y me despedí de Wilson no sin que antes mis pabellones auditivos detectaran a lo lejos y por última vez un comentario que pretendía ser étnico, gracioso y despectivo a la vez. Metí la caja en el maletero del coche y conduje a casa a gran velocidad. Me encerré en el dormitorio y me dispuse a activar el VR7. Quizás ahora, al insertarle una CPU externa al modelo que me había agenciado, podría por fin averiguara la causa del mal funcionamiento del androide de la viuda del androide. El nuevo venía con un folleto donde se detallaban las instrucciones de inicio rápido mediante unos dibujos y unos diagramas bastante eficaces y estaba vestido con un discreto camisón que ocultaba no sin gran dificultad su exuberancia sexual del ombligo para arriba. Pensé que quizás hubiera sido más inteligente traer un modelo masculino, pero, en cualquier caso, me propuse no mirarlo demasiado y cumplir con mi trabajo desapasionadamente.

Así que una vez estuvo cargado completamente, desenchufé la batería de la red, abrí la trampilla que a través del hombro izquierdo daba acceso a la bahía del procesador e inserté la CPU del androide de la viuda del androide. A continuación, tal como aconsejaba la guía de consulta rápida, lo reseteé y lo coloqué en posición fetal sobre la cama. Después de este paso, el androide ya está listo para cumplir con su función y puede usted (podía leerse) irse tranquilamente a dormir.
Y eso fue lo que hice.

CONTINUARÁ.....